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lunes, 30 de enero de 2012

Nº339

Editorial:
Los “nuevos uruguayos” y el pardo de la rambla
Por MAOP
Sentados en la rambla montevideana, una tardecita de éstas, calurosa pero con viento del Río-Mar de la Plata, nos entreteníamos con Ana, tomando mate, charlando de los mil temas que tenemos, dejando correr la hora y pico en un tiempo que no se considera por lo bueno, que se deja pasar de largo.
Frente a nuestro banco empotrado de frente al río, miles de montevideanos impecables y de sudor medido, cruzaban ante a nosotros con ropas deportivas de marcas reconocidas y reconocibles, seguramente aflojando el estrés de sus días, o caminando por sus respectivas saludes, o por sus estados físicos.
No podíamos dejar de comparar nuestros kilitos de más, con el estado atlético de la mayoría de ellos, quienes delataban que esa actividad la desarrollaban siempre, y que esa rambla, tan montevideana, se convertía en un lugar de privilegio, conquistada por ellos.
Fue inevitable distinguir entre el gentío de deportistas de múltiples edades, un pardo cuarentón y evidentemente pobre, que venía de pantalones arremangados, con pinta bien del interior, con buzo atado a la cintura y con el pelo mal cortado y mal afeitado. Digo que fue inevitable, porque al venir por el medio de la vereda de la rambla, muchos deportistas al verlo procuraban pasar lejos de él. Tres mujeres que iban de frente llegaron casi a tropezar con el murallón por alejarse sin disimularlo demasiado, y al cruzarlo, no pudieron evitar voltearse y mirarlo como bicho raro, o al tipo diferente que no cuaja en la selección de esa gente montevideana, que acuñó un estilo y se lo impuso para reconocerse entre sí.
 Me recordó esa situación una nota realizada a Gustavo Leal en Brecha del 13 de enero, en la que, en el marco del análisis del crecimiento del Uruguay, comentó que “cuando las sociedades se desarrollan rápidamente hay sectores dinámicos que exigen poner límites a los sectores que no se enganchan”. Supongo que tiene que ver con la discriminación a un tipo vestido pobremente, es decir, diferente al estándar del lugar. Para mejor aclaración, no le vimos indicios anormales. Es más, podría ser cualquier tipo que cruzando los puentes de Paso del Bote, no llamaría la atención a ningún tacuaremboense.
Quiero referirme al concepto del “nuevo uruguayo”, tipo cuyo perfil debió estar presente en muchos de los que vimos en la rambla, o que podemos descubrir en sectores importantes de las poblaciones de Tacuarembó o Rivera, o cualquier lugar del país.
En el último Brecha, Daniel Erosa escribió una nota “Cambio ahorro por placer inmediato”, Gustavo Leal escribió otra a la que llamó “Chau, país llorón”, y a nuestro coterráneo tacuaremboense, Sandino Núñez, le fue publicada una nota a la que el semanario llamó “Usted sigue siendo la misma nada que era antes” (que Acción Informativa publica aparte en su totalidad), todos sobre este nuevo paradigma moderno del “nuevo uruguayo”.
Emiliano Cotelo en su programa de El Espectador, “En perspectiva”, analizó, este martes pasado, estas notas que dan una mirada hacia este hecho, por ahí discutible, de la aparición al nuevo modelo del uruguayo del que Erosa en Brecha dice:  “en este nuevo paquete del nuevo uruguayo viene la impaciencia, la conducta de cliente en lugar de ciudadano, la prepotencia del que pago y mando, el alarde de no haber leído nunca un libro, cierta falta de consideración por el otro y cierto sentido berreta de la libertad individual”
En el programa de Cotelo, se analizó el crecimiento económico uruguayo a las cifras del 6%, cifra inédita en nuestra historia económica, y que ha provocado que en las encuestas nacionales ya no sea el económico el principal asunto al que la población exige que el gobierno resuelva, como tradicionalmente pasó en nuestro país, sino que ese tema fue desplazado por la seguridad, la salud y la educación. Esto significa que la cuestión económica parecería estar bien.
En el análisis, dijeron que es la primera vez en la historia uruguaya que la economía creció tan rápido, dándose niveles de confianza en los consumidores como nunca antes. Con ironía comentaron que muchos uruguayos ahora quieren un nuevo plasma, o un viaje a Miami, o un par de championes de marca, y que no les interesa ni la solidaridad de la izquierda de los 60, ni el socialismo, ni la utopía del “hombre nuevo” del Che Guevara.
Si bien hay sectores rezagados, los números indican que ha retrocedido la pobreza, y que los niveles de consumo han aumentado en casi todos los estamentos de la sociedad.
En esta situación, el “nuevo uruguayo” sería el tipo que ha aprendido a ser optimista, y hechos como los triunfos de la selección uruguaya de fútbol, ha provocado un cambio sicológico del que todo es pequeño o malo o imposible, a que todo es posible, y que si uno se lo propone gana, etc…
Muchos hombres y mujeres han cambiado, ahora tienen información de cuestiones de su interés al instante, es una población que se formó en democracia, y en este auge económico y en un marco de mayor confianza, permiten que se sea más optimista.
De esa forma, estamos en presencia de un uruguayo que cambia el ahorro por un placer inmediato, y esa cuestión convierte a este “nuevo uruguayo”, en un prisionero de la inmediatez, en un tipo que compra lo que le imponen, que satisface sus gustos lo más pronto posible, sin sentir la culpa que se tenía antes de no comprar ni alardear con lo que la inmensa mayoría de la gente no podía.
Sin embargo, frente a este aluvión de opiniones, pienso nuevamente en el pardo que desafió a los deportistas de todas las edades cruzando su uniforme de pobre por la rambla montevideana, y creo que queda en el análisis un país afuera, disfrazado detrás de los números del gobierno, y que para nada son “nuevos uruguayos”. Quizás sí sean los pobres de siempre.
Los días lunes y martes de esta semana estuve nuevamente en Montevideo y mi intención fue visitar a mi amigo Walter López, un gran compañero sindicalista que está con una grave enfermedad, internado en una mutualista capitalina. Con Walter hablamos en otros términos, él analiza otro Uruguay. Walter habla de sus compañeros trabajadores de toda la vida, de los tipos que ganan 10mil pesos por mes y no son pocos. Habla de los miles de tipos que no pueden consumir plasma, ni adornan sus lenguajes con aditamentos extranjeros, ni sueñan jamás con pisar un avión dirigido a cualquier país del mundo. Están en Tacuarembó, en Rivera, y son muchos más que los grandes consumidores que sueñan con el primer mundo impuesto en las galerías de los shopping.
Walter fue un laburador de toda su vida, y en cada trabajo que estuvo, ya fuera en la naranja de Salto, o en la forestación, o donde recalara, organizaba a los trabajadores para defender sus derechos. Nadie mejor que Walter para hablar de ese Uruguay que se pretende esconder con cifras notables y con consumos inéditos de innegable lectura, como los 55mil autos cero kilómetro vendidos durante el 2011 en nuestro país.
Es imposible negar que la vida de los pobres ha cambiado, y que muchos de ellos se convirtieron en obreros y ahora arriman un sueldo a su hogar, que sumado al de la patrona y al de algún gurí grande, hacen que la vida mejore, y que haya comida en la mesa cada día. Pero no sueñan con grandes maizales, como dice el dicho. Son familias con serias limitaciones y el dinero no les alcanza para acceder al consumo constante, ni al crédito que adelantara el bienestar el día del capricho, ni se disfrazan de actores de televisión, ni tienen posibilidades de mandar a sus hijos a cursos de formación para buenos trabajos, ni a la educación terciaria, ni se imaginan un mundo fuera de las calles de su pueblo.
En Tacuarembó tenemos gente que hace deportes por calles de la ciudad, caminando con equipos deportivos comprados en ferias, pero sin alardes de ningún tipo.
Por eso, mirando el mundo desde otra óptica, no me podría imaginar a un cuarentón de la rambla montevideana, tipo metrosexual, vestido con ropas Nike, de championes Puma de 4mil pesos, con una botellita de agua y un MP4 enganchado en los oídos, cruzando raudo por la calle principal de algún barrio de Tacuarembó, sin que salieran los vecinos a mirarlo con cierta curiosidad.
Sin discriminar ni al pardo ni al metrosexual, es indudable que hay más de un país que no se conoce demasiado entre sí, como si fueran dos mundos paralelos en momentos históricos diferentes. Para Ana y para mí, dos testarudos de cabeza llegados a la rambla desde el interior del país, es imposible no distinguir esos dos países enfrentados, representados por el pardo pobre que se atrevió a romper las reglas, y los deportistas capitalinos.

Nº338

Editorial:
Censistas fueron “el último orejón del tarro”
Fracaso del censo
Por MAOP
Se decretó terminar con el censo. Así, con los datos conseguidos, se decretó poner los números logrados y mandar al carajo todo lo que se hizo mal. Es que todo se hizo mal.
Tomando mate con Ana en la rambla de Montevideo, pocos días atrás, una pareja se reía mientras conversaba con otra comentando que a ella jamás la habían censado (ya se había terminado), y agregaron críticas a la ineficiencia del trabajo. En Tacuarembó pude hablar con personas que no fueron censadas hasta hoy, y no se han molestado en llamar a los números telefónicos que dieron para enmendar los “horrores” del trabajo.
De todas formas, hay números gruesos que nos dicen que muchos pueblos chicos del interior de los departamentos, como Laureles, se están muriendo. La campaña está siendo arrasada por los macro agro negocios, y una cultura rural fenece, transformándose continuamente en cinturones de ciudades también pobres.
Pero de las primeras cosas que llamaron la atención fue saber que en Tacuarembó había disminuido la población, que de 90.489 personas que teníamos en el 2004, en el 2011 tenemos 89.993, a pesar del afincamiento de mucha gente en una ciudad que ha tenido un repunte económico innegable. Quizás la razón es que haya muerto más gente de la que nació, sin embargo estadísticamente no es así.
Esteban Valenti, un tipo que no es de mi agrado, escribió un artículo al que llamó “El censo de la ineficiencia y de las preguntas”. Leyéndolo, es casi imposible no compartir lo escrito, sobre todo, cuando utiliza el sentido común para analizar las cifras que resultaron de cuatro meses de ineficiencia pura, que miradas como las miró Valenti en UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias, terminan siendo irrisorias.
Valenti llama a responsabilidad al Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y realiza consideraciones sobre los “horrores” del censo 2011 en la primera parte de su nota, pero al final hace algunas reflexiones utilizando datos, que chocan con el razonamiento lógico de cualquier ciudadano.
Valenti escribió: “Ahora entremos en el segundo aspecto de este complejo problema: los resultados del Censo. Lo confieso, no me resultan confiables, me sirven como grandes tendencias pero en lo fundamental tiene demasiados puntos oscuros.
Tomemos el principal, la cantidad de habitantes del Uruguay: Según el censo del año 2004 vivían en Uruguay 3.241.003 habitantes, y según el censo del 2011 somos 3.251.526 habitantes. En 7 años aumentamos 10.523 habitantes, lo que equivale a un aumento anual de 1.500 personas,  un 0.05%.
Estas cifras surgen de un Censo, es decir de visitar – se supone – a todos los domicilios existentes en el país y relevar cuantas personas viven en esas residencias. Diferentes son los datos sobre nacimientos y fallecimientos. Estos surgen de los registros reales, concretos y legales que se llevan en el país.
Anualmente en el Uruguay hay aproximadamente 38.000 fallecimientos y unos 50.000 nacimientos, es decir que hay aproximadamente 12.000 personas más por ese simple proceso. En siete años, desde el 2004 al 2011 tendrán que haber 80.000 personas más viviendo en Uruguay. ¿Dónde están los 70.000 que no aparecen en el censo?
Hay una sola posibilidad: emigraron. Desde hace 3 años y basados en los datos de la Dirección Nacional de Migraciones (DGM) la tendencia de los últimos 40 años de que se iban más uruguayos de los que regresaban al país se invirtió y hoy hay más uruguayos que regresan que los que emigran. No es una suposición, una encuesta, son datos con nombre y apellido de los movimientos en los aeropuertos, puertos y puertos de frontera.
Otro elemento, la misma DGM nos informó hace poco que en los últimos 3 años se instalaron en el Uruguay 2500 extranjeros que solicitaron la residencia en el país.
En las elecciones nacionales del 2004 votaron 2.229.611 ciudadanos, en las elecciones del 2009 el número de votantes fue de 2.330.336, en 5 años hubo un aumento de 100.725 votantes!!!
¿De dónde salieron esos 100 mil votantes de más en cinco años? ¿Vinieron del exterior? No, y mil veces no. Viajaron más uruguayos del exterior a votar en el año 2004 que en el año 2009. Si la población total no aumentó no hay ninguna explicación posible al aumento de los votantes y de los inscriptos. Ninguna. A menos que los únicos que emigraron en el período 2004-2011 (entre los censos) hayan sido “no votantes”. Imposible.
Otro elemento, los inscriptos en el registro electoral: en el año 2009 eran 2.563.250, en el año 2004 los inscriptos eran 2.487.816, en 5 años aumentaron 75.434 los ciudadanos inscriptos. ¿No es obvio que de algún lado salieron esos 75.534 inscriptos nuevos? Y si eso sucedió en cinco años, es obvio que en 7 años el aumento tendría que ser mayor.
No hay un número que me cierre. Aumentaron los votantes en 100 mil en 5 años, los inscriptos en 75.000 mil en el mismo periodo y los habitantes en 7 años solo aumentaron en 10.000. Que alguien lo explique.
Frente a esta “razonable” confrontación de números del censo con la realidad de los hechos, uno intenta pensar dónde falló el trabajo que se prolongó durante 4 meses.
No sé si se analizó, pero para mí que tengo experiencia en marketing directo (trabajé en ello durante muchos años), conozco el trabajo en la calle y la respuesta, tanto de la gente que recibe a alguien en la puerta, como al que anda en la calle trabajando. Y se me ocurre pensar que hubo una falla que no ha sido aquilatada aún.
Es posible que el plan para censar a la población uruguaya haya sido bien estructurado. Cada censista tenía una pequeña computadora que se conectaba directamente con una central, y los datos caían directamente, alimentando en forma automática la central de INE. Sin embargo, el gran error que cometieron, desde nuestro punto de vista, fue la gente en la calle, mal pagada y sin demasiado apoyo.
Se calculó que cada censista debía hacer 250 hogares y se le pagaba 45 pesos por cada uno. Es decir, que si un censista hacía esa cifra en un mes, ganaría 11.250 pesos, pero fue imposible hacerlo en un mes. Las personas inscriptas para el censo iban una y otra vez a varios hogares y no encontraban a la gente, prolongándose su trabajo mucho más de lo esperado. Es decir, que esos 11.250 pesos calculados para un mes, se estiraron a dos, tres o más meses, y uno se pregunta si un joven estudiante, o cualquier persona querría andar en la calle, por lugares que no conoce frente a gente desconocida, ganando 3mil pesos al mes, gastando su ropa, su tiempo, o en el caso de ciudades más grandes, boletos y demás.
En censos anteriores se le pedía a la población que no saliera de su casa, y un ejército de funcionarios públicos se volcaba a las calles a recabar los datos, consiguiendo de forma artesanal una foto del país en un tiempo calculado y breve. Este trabajo llevaba más tiempo, meses, para meter toda esa información en una planilla madre y poder evaluar la situación del país.
Sin embargo en este caso se tercerizó el censo y se contrató una empresa privada para recabar la información, y fue esta empresa, de acuerdo con INE, quienes determinaron qué ganaría cada censista en la calle. El 14 de enero de 2011, el Poder Ejecutivo, por Resolución P/874, contrató a la empresa Stavros Moyal y Asociados S.R.L. para suministrar los “recursos humanos” (como se le dice a la gente trabajadora últimamente), y su control. La empresa cobró al Estado el dinero que debía pagarle a cada censista, y se calculó que el censo se haría en un mes con opción a otro.
Es decir, que como muchas cosas, y con estas cuestiones tan liberales (para los negocios), todos se olvidaron de las personas que iban a hacer el censo. Es así que quien debe haber ganado una fortuna es la empresa, pero para los que anduvieron en la calle fue una verdadera tortura, con un cúmulo de deserciones, de frustraciones y de trabajo mal realizado. En resumen, el censista fue el último orejón del tarro, como un factor de recambio y deshecho, del que nadie se ocupó.
Seguramente que de toda la cadena de trabajo el INE debe haber llegado en su planificación previa a la empresa tercerizada y se desentendió, por así decirlo, de cómo se llegaría a las casas de todos los uruguayos, así como se desentendió de las necesidades lógicas de las miles de personas que salieron a trabajar. Ahí estuvo el gran error, pues cada persona en la calle debió tener las garantías de una buena remuneración, y de mucho mayor apoyo. En lo personal, con años de experiencia de venta directa, estoy convencido que lo que falló fue el control de la gente en la calle y el respaldo a ella, tanto económico, como de información o de respaldo profesional.
La tercerización se ha vuelto un negocio muy lucrativo, que muchas veces alimenta irregularidades y no da garantías de buena gestión.

Nº337

Editorial:
Contrastes…
Por MAOP
En la Ciudad Vieja, debajo de una sombrilla de un café en la calle Sarandí, me sentía Hemingway en la Cuba anterior a la revolución, saboreando un cortadito en medio de turistas, en una Babel de idiomas.
Supuse que habría llegado algún crucero, y me divertí mirando gente vestida  de turistas, y no pude contener una sonrisa cuando un carro recolector de basura tirado por un caballo pasó por la calle transversal, y dos de ellos se levantaron de sus asientos para sacar fotos del mundo subdesarrollado.
Recién había acompañado a Ana a su trabajo, y me senté solo a tomar ese cafecito montevideano, como en tiempos pasados, para revivir el sabor de una ciudad que también amo.
Desde la silla miraba al mar hacia mi derecha, y Sarandí hacia la plaza Matriz, y disfrutando el momento, se me ocurrió creer que Montevideo está construida para los montevideanos, y que sus ciudadanos la saben disfrutar.
Quizás usted ya esté pensando en algunos barrios de la capital que no son tan bonitos, y que son pobres, o lo que usted quiera... Pero quiero encapricharme en hablar de esas zonas de la capital, habitadas también por trabajadores uruguayos, transitada por uruguayos y extranjeros, tan montevideana y tan hermosa.
Estuve varios días en Montevideo, y recorrimos en el pandita la rambla, parte de la costa de oro, plazas, centro… hay lugares mágicos. Al costado del teatro de verano, por la rambla, una bellísima construcción en rocas contiene un lago por el que se pasean tortugas y algunas docenas de patos. El hijo de Ana bromeaba “en Tacuarembó ya se habrían comido todos”, nos reímos y nos lamentamos porque el comentario podría ser cierto.
Pero volvamos a Montevideo. No sé cuántos quilómetros de rambla hay, pero cada sector está embellecido para solaz de los vecinos, y se notan detalles que logran que se tenga la posibilidad, por ejemplo de sentarse en un cómodo banco frente al Río de la Plata, y dejar que el viento de mar le penetre a uno por los poros.
Miles de montevideanos caminan por la rambla haciendo deportes, o mejorando su salud, porque esa combinación de mar, de piedra segura afirmando la costa, de sol, de lugar bello, permite que lo hagan, y que tengan, quienes viven en Montevideo, esos ratos agradables y sanos.
Pero Montevideo no tiene solamente su rambla. Tiene una diversidad de lugares bellísimos para disfrutar, como el Prado, el parque Rivera, cada plaza, cada parque, con sus cuidados especiales, trabajados para que sus ciudadanos sientan amor por su ciudad.
Claro, después uno vuelve a Tacuarembó y se encuentra en sus paseos con lo que tenemos. Nosotros amamos Tacuarembó porque nacimos aquí, y porque tenemos esa cuestión que quizás nació en las Tosquitas, trancando alguna pelota mal jugada, en aquellas tardes interminables cuando éramos gurises. O en las largas jornadas de plaza Colón, o en las matinés, vermouth y noches de los cines Rex y City, o en el picadero de los milicos, al final de la calle Artigas. O en las clases liceales de Nelson Ferreira, o del Bocha, o del padre Giribaldi o del loco Gil... y tantos otros. Uno se enamora de Tacuarembó quizás por rebeldía, por esas historias que nos dieron identidad.
Pero cuando se ve la rambla del Sandú con la mugre debajo, o la laguna de las Lavanderas deshecha y sin brillo, pronta para otra purga, o el parque Batlle con su rancho arrancado, o las veredas desparejas en las que la gente pudiera caminar o hacer deportes, uno siente pena. Es que parecería que Tacuarembó está adentro de nuestras casas, donde están los afectos, y que la ciudad ya no nos pertenece.
Parece chiste, pero lo que se ha embellecido, por decirlo de alguna forma, es la calle donde están los negocios del Intendente, y la plaza que está enfrente a su casa. ¿Y lo demás? Hago una salvedad por las piscinas en verano, que han llevado alegría a muchos chicos en los barrios. Pero poca cosa más.
Entonces me pregunto: ¿Por qué no se recorta piedra y se hace una escollera para pescadores en el Tacuarembó, en el Parque Batlle?, ¿Por qué no enjardinan la Laguna de las Lavanderas y se dejan de jorobar con la Patria Gaucha ahí, castigando a 15mil personas del barrio López y destrozando el paseo público más tradicional? ¿Por qué no ponen tarros de basura y mejoran los servicios sanitarios en el Iporá? ¿Por qué no embellecen Tacuarembó para que se pueda disfrutar?
En Tacuarembó todo es hosco, hecho antes de las elecciones con calles de cintas cortadas, oportunas para ganar un nuevo período de gobierno departamental. Y los votos no se ganan dándoles pequeñas cosas a las personas, como un rincón en un barrio, o juegos para niños, o paseos públicos confortables, o veredas amplias para mejorar la salud de la gente, o cuidando los sufridos animales del zoológico, o velando por la seguridad de los ciudadanos… y su felicidad.
Es tanta la necesidad de paseos públicos confortables que en verano uno sale por la 5 y hay decenas de familias debajo de algún árbol al costado de la ruta nacional, porque seguramente otro lugar no se les ocurrió, o no encontraron.
Los contrastes con Montevideo, son enormes. En Tacuarembó el ingenio ha muerto, y la ciudad sufre. Mucho más, sus habitantes.

Nº336

Editorial:
15-M, la noticia del año
Por MAOP
Encuadrado en las costumbres de las fiestas tradicionales, y en el cierre del año 2011, me pondré también reflexivo. Bueno, antes lo hice, pero parecería que en estas épocas todos nos ponemos trascendentes, y tratamos de decir cosas buenas, y les deseamos a los demás un año feliz. Supongo que no es malo, ya que los ritos son inevitables para poder actuar como sociedad, para poder tener identidad.
Me sumo a ello, y les deseo a todos nuestros lectores un buen año, y que en estos momentos de reencuentros familiares, tengan la oportunidad de abrazos sinceros, de reconciliaciones, de mirarse, de sonreírse, a pesar de los dramas que cada uno pueda haber vivido, o estar viviendo.
Más allá de los clichés y situaciones preconcebidas, de adornos y marketing, considero que son sinceras las palabras de los amigos, que conmovidos por la ocasión, se acercan y te abrazan, o mandan tarjetas. De todas formas no dejo de pensar en el villancico nuevo interpretado por Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, que dice en una parte:  “No es verdad que me dé náuseas la navidad/ me conmueve la madre/ el niño, la mula y el buey/ lo que pasa es que estalla/ una bomba en noche en la noche de paz/ lo que pasa es que apesta/ a zambomba el mensaje del Rey.” Es que no puedo dejar de pensar en todas las cosas que nos rodean, y el dolor constante de la humanidad toda, pero fundamentalmente, en las injusticias.

En el Cuerno de África, a orillas del mar Rojo, llamado así porque una amplia zona tiene la forma de un cuerno en la cartografía africana, (Somalia, Yibuti, Eritrea y Etiopía), desde julio de este año la hambruna ha llegado devastadoramente a la región, comenzando por Somalia, y trasladándose a los países vecinos. Miles de niños mueren sin alimentos. Las sequías han diezmado sus recursos alimentarios.  El costo de un solo misil lanzado en los países vecinos podría apaciguar el hambre de miles de somalíes, y el costo de las guerras, podría terminar con el hambre en toda África.
El terremoto y tsunami en Japón, el 11 de marzo pasado, con un saldo de más de 20.000 muertos, desnudó una de las cuestiones más graves a las que la humanidad se expone, que es el uso indebido de la energía nuclear, y las nefastas consecuencias. La central nuclear de Fukushima está generando contaminación constante debido al deterioro que sufrió en el terremoto, y la devastación hacia el futuro podría ser considerablemente superior al propio tsunami.
En el mundo árabe las rebeliones han estado a la orden del día. De prolongados gobiernos dictatoriales, por lo menos tres países pasan rápidamente al control de Estados Unidos y sus aliados, luego de los “derrocamientos” programados. En Egipto fue derrocad Mubarak, en la que ya se conoce como la Revolución del 25 de enero. En Túnez, fue derrocado por el pueblo Ben Alí, el 15 de enero de este año. Y finalmente, también fue derrocado y posteriormente asesinado, el dictador Muamar el Gadafi, luego de decenas de años de control del país y de sus riquezas. Casualmente hablamos de una región estratégica, en la que se extraen millones de barriles de petróleo diarios, y que significan para el primer mundo la oportunidad de sostenerse. Del control de la producción de energía, depende el control planetario.
Europa se desvive dando una y otra oportunidad a Grecia en bancarrota, y ya sufren similares situaciones otros países europeos. El primer mundo financia países suyos en quiebra, a costos que podrían significar beneficios notables para toda la humanidad, ante la voracidad del sistema financiero y la deplorable posición que ha asumido el sistema bancario planetario.
Podríamos seguir… sin embargo quisiera destacar como el acontecimiento del año, como la llama que podría significar esperanza para la humanidad, la irrupción de los indignados en España (movimiento llamado 15-M), y su contagio e irradiación a buena parte del mundo. Los jóvenes españoles se encontraron en las plazas de Madrid, Barcelona, y toda España, a través de trabajos de redes virtuales (que luego dejaron de serlo), denunciando la estafa del sistema capitalista a los sectores sumergidos y trabajadores, denunciando la corrupción política, al sistema financiero internacional, y a la deshumanizada actitud de las multinacionales. Estas protestas pacíficas se han trasladado a decenas de países, inclusive Estados Unidos, done en la meca del sistema financiero, New York, miles de personas protestas “indignados” ante Wall Street.
Uno de sus comunicados emblemáticos de “Democracia real YA – 15-M” (17/05/2011), dice: “Nosotros los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes… queremos un cambio y un futuro digno. Estamos hartos de reformas antisociales, de que nos dejen en el paro, de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo.”
Supongo que no debe haber nada más esperanzador, que comprobar que millones de jóvenes en todo el mundo están desconformes con la injusticia planetaria, y que están ya conformando una nueva concepción política, cuyo norte es la humanidad, y todas las implicancias que ella resume.

En algún barrio, en alguna casa, un padre está preocupado porque no ha podido comprar lo suficiente para su familia, y no sabe de las injusticias. Sólo cree que sus esfuerzos no alcanzaron. En tanto, la canción de Serrat y Sabina continuaba: “… Satanás es un capo llevando el compás/ infiltrado en el supermercado de la navidad”…