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domingo, 18 de marzo de 2012

Nº344

Urupanel: hay que defender el trabajo de los obreros, pero…
¿Estamos siendo usados?
Por MAOP
El martes pasado, a las 14.30 horas aproximadamente, una marcha organizada por los trabajadores del SOIMA partió desde la plaza 19 de Abril, reclamando una solución para la empresa Urupanel, a la que se le vencerán los plazos de negociaciones por deudas, el próximo 8 de marzo.
La marcha estuvo encabezada por el Obispo de la Diócesis Tacuarembó-Rivera Julio Bonino, el Intendente de Tacuarembó Wilson Ezquerra, el senador Eber da Rosa, los diputados Martha Montaner, Edgardo Rodríguez y Antonio Chiesa, el Presidente de la Asociación Empresarial, Mauricio Crespi, precedidos de más de 500 personas, muchos obreros de Urupanel y gente que acompañó.
La marcha tuvo fin al llegar a las puertas del Banco BBVA, en Sarandí y 18 de Julio, donde hicieron uso de la palabra, y en su orden, el Obispo Julio Bonino, el Presidente del PIT CNT Tacuarembó, Fernando Micheloni, y finalmente el Secretario General del SOIMA, Fernando Oyanarte.
El Obispo Bonino tuvo palabras sabias. Dijo que luego de apoyar públicamente la causa de los trabajadores, tuvo cuestionamientos. Pero habló con pasión de las circunstancias que podría vivir nuestra población si cerrara la planta. Las deudas, el clearing, el debilitamiento de la familia. También dio cifras del riesgo social del posible cierre.
Bonino dijo que le preguntaron algunas cosas interesantes, y contó las preguntas que le hicieron: “¿A quién quieres favorecer con tu participación, a Austin Park, que compró por el valor de la deuda esta fábrica?, ¿Ellos no sabían de la difícil situación en que este emprendimiento se encontraba?; ¿Cuánto interés tiene este fondo de inversión suizo en el desarrollo de la sociedad tacuaremboense? ¿Cuál es la medida de su responsabilidad social? ¿Sabemos que es legal la compra de pasivos comprometidos con no capacidad de pagos? ¿Sabemos que el pago de los haberes de los trabajadores nuestros está después del pago de deudas con garantías prendarias e hipotecarias?”
Luego se preguntó, suponiendo que los bancos aceptaran un arreglo, “¿A quiénes estamos favoreciendo más? Uno tiene cierta sensación que nuestros obreros son rehenes de esta situación…”
Y esas palabras quedaron flotando, como símbolos de lo que en apariencia sucedía, y que los obreros parecían no comprender demasiado.
Fernando Oyanarte tuvo una oratoria estupenda, pero centró su discurso en intentar explicar que el 8 de marzo significaría o no la continuidad de “esta fuente de trabajo, que es de Tacuarembó”.
Contó la historia que conocemos, que en agosto del año pasado el grupo chileno vendió Urupanel a una empresa de capital suizo Austin Park Capital, y ésta delegó la administración al Grupo Leadgate. “Estamos ante una empresa que nada tiene que ver con el mundo de la madera… sino al mundo de los negocios”. “Esta empresa no invirtió un solo peso para la compra de Urupanel, y su objetivo es mejorar la gestión invirtiendo la menor cantidad de dinero posible para ofrecerla en el mercado, a quien la quiera comprar, y obtener en ese negocio, sustantivas ganancias”. Pero habló de la nobleza del objetivo, aliarse con quien fuera (como con esta empresa), para preservar la fuente de trabajo.
Sin embargo en el análisis de la caída de los mercados, de los commodities, del precio internacional de la madera, ahí no estamos de acuerdo. Es posible que haya sucedido todo lo que dice Oyanarte, pero Los Piques sigue trabajando y vendiendo tableros, y mantiene a sus trabajadores, a pesar de algunas sacudidas que ha tenido.
Por eso creemos que la empresa se hundió cuando quedó sin materia prima propia, cuando vendió en 60 millones de dólares todos los montes, en los cuales años atrás había invertido 6 millones. De un saque los dueños chilenos de Urupanel ganaron más de 50 millones de dólares, y seguramente después buscaron la forma de desentenderse del negocio en Tacuarembó y quizás vendieron las acciones de la empresa, o quizás no y contrataron una empresa de gestión para que la liquidara o la vendiera. De todas formas, los chilenos ya habían obtenido jugosas ganancias con todas las regalías que el Uruguay ofrece a “los inversores extranjeros”, y cuando se fueron simplemente dejaron “las cuentas sin pagar”.
En radio Tacuarembó, el día antes de la marcha del SOIMA, el razonamiento de Enrique Aldabe en su programa Micrófono Abierto fue clave; dijo: “se movieron tarde, cuando vendieron los montes debieron hacerlo”. Incómodos, los dirigentes sindicales contestaron, entre otras cosas que los trabajadores no pueden incidir en la gestión de la empresa, quizás desconociendo las luchas que han desarrollado varios sindicatos clasistas a lo largo de la historia de la lucha por reivindicaciones laborales. Sindicatos que exigían saber cómo era la gestión de la empresa, y exigían además, conocer claramente con quién negociaban.
Reunión en Urupanel
Pocos días antes de la marcha, el 23 de febrero a las 7 y media de la mañana, Milton Hahn, encargado de Urupanel, se reunió en la planta con los trabajadores. Les explicó que los bancos habían tomado la mercadería existente y el control de las cuentas de la empresa. Que la compañía se había presentado a Concurso de Acreedores con el fin de ganar tiempo y poder renegociar con todos una solución financiera que le permitiera a la empresa seguir funcionando, y que sus acreedores pudieran recuperar parte de la deuda. Que en diciembre se les propuso que de los primeros 9 años de los flujos generados por la empresa iban a ser para los acreedores.
Hubo un comentario de Hahn aclaratorio: “El valor está en lo que la empresa pueda dar, no en lo que pueda haber por atrás”. Que para buen entendedor, Urupanel responde con lo que tiene en la planta, y con el capital de trabajo futuro, pero no con el capital de los dueños, que según nota aparte del Diputado Edgardo Rodríguez, no se sabe quiénes son.
Hahn les dijo a los trabajadores que los bancos plantearon que se mejorara el plazo, el compromiso y el monto. El accionista mejoró el plazo y el compromiso. La empresa se compromete a pagar por adelantado una parte, y poner un millón y medio de dólares como garantía. Además se espera que exista otro inversor, para poder comprar materia prima.
Según la versión del BBVA, recogida por el diputado Rodríguez, Urupanel no ha presentado aún ningún plan de negocios, como el lector podrá leer en nota aparte.
Hahn dice a sus empleados que los acreedores tendrán que aceptar la propuesta pues de lo contrario se van a quedar sin nada. “La alternativa es cobrar cero, y no tienen una compañía para hacer negocios”
“Los bancos si dicen no, sacan cero, si dicen sí, cobrarán. Y tendrán una empresa sólida.”
Hahn, quien no tiene en cuenta todo el proceso previo, intenta sensibilizar a sus trabajadores diciéndoles que esperan que los acreedores acepten, como una solución social, pues hay 360 empleados y más de 3000 empleos indirectos. Luego se aventura a decir que “debe haber una solución política de ayudar al país a salir adelante” (léase, ayudar a los secretos dueños a zafar del compromiso de pagar 20 millones de dólares)
En síntesis, con astucia, Hahn les hace sentir a los obreros de Urupanel que la solución del problema está en los acreedores y en el sistema político, y no en ellos, que son los responsables del descalabro de la empresa (o los compradores del descalabro, pero en definitiva: responsables)
Luego de las palabras de Hahn, el Secretario General del SOIMA, Fernando Oyanarte, alentó a sus compañeros para que defendieran la fuente laboral. Dijo, entre otras cosas: “hoy no hay ninguna otra reivindicación que la preservación de la fuente de trabajo”
En resumen
No quisiera estar en el cuero de los dirigentes políticos que acompañaron la marcha. El propio Intendente Ezquerra estuvo en la reunión que describe el diputado del Frente Amplio Edgardo Rodríguez, en el que el gerente del BBVA dice no saber quiénes son los dueños reales de la empresa. Digo esto porque pudieron comprobar que ni los bancos saben a quiénes favorecerán con una solución de quita o de prórroga, y saben, en el fondo de su pensamiento, que a los únicos que quieren proteger es a los trabajadores de Tacuarembó. Es decir, que esta marcha y la presión de la empresa, ha servido para presionar también a los acreedores para encontrar una solución, una presión a los políticos enfrentados a la masa obrera con la pérdida de sus trabajos en forma latente, y a toda la sociedad, a través de la prensa que quizás vea esta marcha con ojos poco claros.
Un obrero de Urupanel decía lo mismo que el Obispo Bonino: que son poco creíbles estos inversores de Austin Park Capital, que compraron un pasivo de más de 20 millones de dólares, sabiendo a priori que no iban a poder pagar la deuda. Por eso se me antoja pensar que con artimañas y sutilezas, la empresa pudo estar utilizando al sindicato y al conjunto de trabajadores, y finalmente, al conjunto de la sociedad de Tacuarembó.
Concluyendo, suponiendo que Urupanel aún siga siendo de los mismos propietarios chilenos, seguramente toda esta parafernalia que ocurrió en nuestras calles, no sólo habrían utilizado a nuestras autoridades y obreros para un espectáculo público, sino que sería un simple negocio para reducir su deuda en un 60%, o en caso de cerrar y no pagar, sería una estafa.
Y por otra parte, suponiendo que Urupanel sea realmente de otros dueños, éstos compraron la empresa sabiendo que no pagarían, y seguramente armaron una estratagema antes de invertir, para finalmente desentenderse de la deuda presionando a la sociedad de Tacuarembó, sensibilizada ante la situación de 360 vecinos que quedarán sin trabajo y de varias empresas locales que podrían ser perjudicadas.
Finalmente no negamos para nada la buena fe de los trabajadores, pero estamos seguros que si ellos hubieran interpretado mejor el negocio oculto detrás de Urupanel, seguramente hubieran salido a reclamar medidas del gobierno que evitara este tipo de maniobras de empresas extranjeras, y no una solución económica para los malos pagadores que ganaron ya millones de dólares.

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