Bienvenida

Bienvenidos!

Bienvenidos al blog del Semanario LaOtraVoz de Tacuarembó (ex Acción Informativa).


"somos la otra voz"

gracias por visitarnos

domingo, 18 de marzo de 2012

Nº342

Los delitos y los tiempos
Por MAOP
Bajé de mi auto frente al NH Columbia Hotel, un espacio abierto junto a la rambla montevideana. Caminé hasta el parquímetro que quedaba en la esquina para sacar un ticket de estacionamiento, y volví con la intención de dejarlo frente al parabrisas. Dos jóvenes venían de frente por una vereda abierta, entre el estacionamiento y la rambla. Pero cuando me había metido en el corredor formado por mi auto y el auto que estaba al lado, ellos se metieron detrás de mí… quizás fue todo muy rápido, aunque para quien es víctima de una rapiña parecería que el tiempo corre demasiado lento en nuestra psique.
Uno de ellos, el más bajo y de pelo enrulado y jovencísimo, me metió un 38 gatillado en el abdomen gritándome “quedate quieto o te tiro”. El otro, más alto y de pelo castaño corto, también muy joven, empezó a meter sus manos en mis bolsillos.
No sé por qué, pero tengo por costumbre tratar de resolver sin fatalismos las cosas, aún en situaciones límites, y en esa ocasión mi mayor preocupación era el estado de nervios que tenía el joven de pelo enrulado que me tenía encañonado. Le dije “flaco, quedate tranquilo, fijate que ni te estoy mirando la cara… llévense lo que quieran pero si se te escapa un tiro, ahí donde tenés el revólver, me matás al pedo”. Creo que se tranquilizó.
Sin embargo me gritaban con violencia, me decían que me iban a “tirar” y que no me metiera al auto o volverían y  “le tiramos y lo matamos”. Les creí, y les dije que se fueran, que dejaba mis manos encima del capó del otro auto para que ellos las vieran. Finalmente se fueron con dinero que encontraron en el bolsillo derecho de mi pantalón… caminaron rumbo al Teatro Solís, y cada tanto miraban para atrás para verificar si me había movido.
Recién había cobrado un dinero no muy importante pero que daba para ir tirando, y supuse que me habían seguido, porque el que me revisaba dijo “aquí está”.
Cuando desaparecieron, fui a una editorial en la que trabajaba y llamé a la policía. Fueron al rato, y luego tuve que ratificar la denuncia en la Comisaría de la Ciudad Vieja.
No me puse nervioso. Trabajé normalmente el resto de la tarde y con un dinero que me había quedado en un bolsillo interior de mi saco, esa noche compré pizzas y bebidas en el Bar de Vida, debajo del Viaducto, y cuando llegué a mi casa les dije a mis hijos “esto es para festejar que estoy vivo”
Al otro día fui a la casa de mi cobrador, yo vendía libros. El hombre vivía cerca del Montevideo Shopping, y me atendió su mujer. Me dijo: “Mi marido está en cama, ayer le robaron la cobranza y aún está temblando. Los médicos lo sedaron”. Me preocupé y no quise decirle que a mí también me habían robado, y pensé que agregar violencia a la violencia no era sano, y además yo estaba tranquilo.
Esa noche miré el informativo y como al pasar informaban que un turista argentino había sido asesinado al resistirse a una rapiña detrás del Teatro Solís, a escasas dos o tres cuadras de donde yo había sido rapiñado el día anterior. La descripción de los ladrones coincidía con los que me habían tocado en suerte.
Supongo que entonces sí me puse un poco nervioso, y pensé que había salvado mi vida por estar tranquilo, y sentí cierta solidaridad con ese desconocido argentino muerto.
Enseguida de eso nos mudamos para una casa grande en calle Propios, cerca de Garzón, y con mi trabajo comenzamos a edificar en Parque del Plata.
No era un barrio malo el de Propios y Garzón, pero presenciamos cómo a una casa de unos vecinos la desvalijaban en su ausencia, poniendo todo en un camión, en tanto nosotros llamábamos a la policía una y otra vez. ¿Cómo hacíamos para enfrentar a 3 o 4 tipos armados?
Un fin de semana, cuando volvimos a Montevideo de trabajar en la casa que construíamos, la puerta de nuestro hogar en Propios estaba abierta, la luz prendida, y todo estaba desparramado. Nos habían robado muchas cosas de valor, y roto otras. Llamamos a la policía, pero jamás recuperamos nada.
Superamos esos momentos y la vida siguió, sin embargo jamás se me ocurrió pensar que había una ola de delitos, o que la sociedad estaba corrompida, ni se me ocurrió reclamarle algo al ministro Didier Opertti del Partido Colorado. En la balanza puse las cosas buenas, como que en Montevideo tuvimos valiosísimos vecinos, gente espectacular, solidaria, crítica, que seguramente eran los más. Pero de antemano sabíamos que también había delincuentes, como hubo en toda la historia de la humanidad.

Hablaba el otro día con algunos amigos y opinaba que parece que las reglas impuestas son otras y que por ahí no nos damos cuenta. En las sociedades siempre hubo ladrones, asesinos, violadores... así como comerciantes, vendedores, artistas, floristas... y si existen más delincuentes en el mundo es porque hay más población, pero violencia siempre hubo. No desconozco el aporte a la violencia de la pasta base, y de los empresarios que solapadamente negocian con la muerte. Pero es posible que el disparador del delito en estas épocas esté cambiando, y que la maquinaria del marketing incite al consumo indiscriminado, provocando la alienación de las capas medias de la sociedad, y sus coletazos discriminatorios con los sectores más empobrecidos. De todas maneras, no es materia para este editorialista analizar lo que es de sociólogos, pero podemos afirmar que los hechos contados en el comienzo de esta nota, ocurrieron en 1996.
La diferencia estriba en que en 1996 no fue el Canal 4 a intentar lavarme la cabeza para que contara los detalles de la rapiña, y usarme para asustar al resto de la ciudadanía. Supongo que no había interés político de hacerlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada