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lunes, 30 de enero de 2012

Nº337

Editorial:
Contrastes…
Por MAOP
En la Ciudad Vieja, debajo de una sombrilla de un café en la calle Sarandí, me sentía Hemingway en la Cuba anterior a la revolución, saboreando un cortadito en medio de turistas, en una Babel de idiomas.
Supuse que habría llegado algún crucero, y me divertí mirando gente vestida  de turistas, y no pude contener una sonrisa cuando un carro recolector de basura tirado por un caballo pasó por la calle transversal, y dos de ellos se levantaron de sus asientos para sacar fotos del mundo subdesarrollado.
Recién había acompañado a Ana a su trabajo, y me senté solo a tomar ese cafecito montevideano, como en tiempos pasados, para revivir el sabor de una ciudad que también amo.
Desde la silla miraba al mar hacia mi derecha, y Sarandí hacia la plaza Matriz, y disfrutando el momento, se me ocurrió creer que Montevideo está construida para los montevideanos, y que sus ciudadanos la saben disfrutar.
Quizás usted ya esté pensando en algunos barrios de la capital que no son tan bonitos, y que son pobres, o lo que usted quiera... Pero quiero encapricharme en hablar de esas zonas de la capital, habitadas también por trabajadores uruguayos, transitada por uruguayos y extranjeros, tan montevideana y tan hermosa.
Estuve varios días en Montevideo, y recorrimos en el pandita la rambla, parte de la costa de oro, plazas, centro… hay lugares mágicos. Al costado del teatro de verano, por la rambla, una bellísima construcción en rocas contiene un lago por el que se pasean tortugas y algunas docenas de patos. El hijo de Ana bromeaba “en Tacuarembó ya se habrían comido todos”, nos reímos y nos lamentamos porque el comentario podría ser cierto.
Pero volvamos a Montevideo. No sé cuántos quilómetros de rambla hay, pero cada sector está embellecido para solaz de los vecinos, y se notan detalles que logran que se tenga la posibilidad, por ejemplo de sentarse en un cómodo banco frente al Río de la Plata, y dejar que el viento de mar le penetre a uno por los poros.
Miles de montevideanos caminan por la rambla haciendo deportes, o mejorando su salud, porque esa combinación de mar, de piedra segura afirmando la costa, de sol, de lugar bello, permite que lo hagan, y que tengan, quienes viven en Montevideo, esos ratos agradables y sanos.
Pero Montevideo no tiene solamente su rambla. Tiene una diversidad de lugares bellísimos para disfrutar, como el Prado, el parque Rivera, cada plaza, cada parque, con sus cuidados especiales, trabajados para que sus ciudadanos sientan amor por su ciudad.
Claro, después uno vuelve a Tacuarembó y se encuentra en sus paseos con lo que tenemos. Nosotros amamos Tacuarembó porque nacimos aquí, y porque tenemos esa cuestión que quizás nació en las Tosquitas, trancando alguna pelota mal jugada, en aquellas tardes interminables cuando éramos gurises. O en las largas jornadas de plaza Colón, o en las matinés, vermouth y noches de los cines Rex y City, o en el picadero de los milicos, al final de la calle Artigas. O en las clases liceales de Nelson Ferreira, o del Bocha, o del padre Giribaldi o del loco Gil... y tantos otros. Uno se enamora de Tacuarembó quizás por rebeldía, por esas historias que nos dieron identidad.
Pero cuando se ve la rambla del Sandú con la mugre debajo, o la laguna de las Lavanderas deshecha y sin brillo, pronta para otra purga, o el parque Batlle con su rancho arrancado, o las veredas desparejas en las que la gente pudiera caminar o hacer deportes, uno siente pena. Es que parecería que Tacuarembó está adentro de nuestras casas, donde están los afectos, y que la ciudad ya no nos pertenece.
Parece chiste, pero lo que se ha embellecido, por decirlo de alguna forma, es la calle donde están los negocios del Intendente, y la plaza que está enfrente a su casa. ¿Y lo demás? Hago una salvedad por las piscinas en verano, que han llevado alegría a muchos chicos en los barrios. Pero poca cosa más.
Entonces me pregunto: ¿Por qué no se recorta piedra y se hace una escollera para pescadores en el Tacuarembó, en el Parque Batlle?, ¿Por qué no enjardinan la Laguna de las Lavanderas y se dejan de jorobar con la Patria Gaucha ahí, castigando a 15mil personas del barrio López y destrozando el paseo público más tradicional? ¿Por qué no ponen tarros de basura y mejoran los servicios sanitarios en el Iporá? ¿Por qué no embellecen Tacuarembó para que se pueda disfrutar?
En Tacuarembó todo es hosco, hecho antes de las elecciones con calles de cintas cortadas, oportunas para ganar un nuevo período de gobierno departamental. Y los votos no se ganan dándoles pequeñas cosas a las personas, como un rincón en un barrio, o juegos para niños, o paseos públicos confortables, o veredas amplias para mejorar la salud de la gente, o cuidando los sufridos animales del zoológico, o velando por la seguridad de los ciudadanos… y su felicidad.
Es tanta la necesidad de paseos públicos confortables que en verano uno sale por la 5 y hay decenas de familias debajo de algún árbol al costado de la ruta nacional, porque seguramente otro lugar no se les ocurrió, o no encontraron.
Los contrastes con Montevideo, son enormes. En Tacuarembó el ingenio ha muerto, y la ciudad sufre. Mucho más, sus habitantes.

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