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Bienvenidos al blog del Semanario LaOtraVoz de Tacuarembó (ex Acción Informativa).


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jueves, 20 de octubre de 2011

Nº 327

EDITORIAL:
Los compañeros del camino
Por MAOP
El sábado pasado me llamó Walter López, un viejo amigo. Me dijo que en los últimos seis meses le hicieron un par de operaciones, pues le encontraron “cáncer en la cabeza” – ahora me están haciendo quimio – agregó, y yo, en mi casa, sobrecogido, no atiné a decir demasiado. Se sorprendió que yo no lo supiera, y me contó sus peripecias de estos últimos meses, y  también me habló de sus dudas, y sentí su emoción, en este momento crucial de su vida.
Volvió a llamarme un momento después y me aclaró: “mirá que te llamé porque te lo quería decir, nada más. No para pedirte algo”. Tratándose de Walter, sé que es incapaz de manipular a los amigos, ni siquiera en una circunstancia como la presente.
Walter era un muchacho cuando con Heber Padilla, Cufré, el Mono Silva, el “Macho” Vega, Icardi, Luis y otros, fundamos el sindicato tabacalero, al que llamamos Altratta (Asociación Laboral de los Trabajadores del Tabaco de Tacuarembó). Era a finales del año 83 cuando comenzamos a conversar, porque había que hacer algo por mejorar la situación de los compañeros, y fue a principios de febrero del 84 que hicimos la asamblea general constitutiva, con más de 600 compañeros en un galpón de Tranqueras. Walter andaba allí.
Tuve el honor de ser el presidente de aquel grupo, del cual, hubo personas que no olvido, y de las que aprendí algunas cuestiones que modificaron mi vida para siempre.
Hay quienes tienen una visión lírica de la pobreza, otros sienten pena por ellos y en el fondo no logran contener su discriminación, otros directamente discriminan. Yo conviví con mis compañeros de la tabacalera entre los años 1982-85, en forma directa, en el trabajo. Representaban el grupo de trabajadores más pobres de la ciudad. Hombres y mujeres explotados, muchas veces intoxicados, mal pagados en horarios extensos, laborando en condiciones infrahumanas.
No fue una época fácil para nadie. Los sindicalistas fuimos perseguidos, ninguneados, y debimos hacer, muchas veces, actividades extras, con las cuales pretendían aflojarnos y corrernos. Si habré tenido que hombrear bolsas de fertilizantes de camiones frente a los galpones, o lidiar con una veintena de tractores, en condiciones increíbles.
El sindicato lo hicimos con Heber Padilla y Cufré, entre los tres lo armamos por cada rincón, y fuimos descubriendo compañeros inolvidables, impagables, maravillosos. De esos que surgían como si hubieran estado esperando que les llegara una oportunidad para mostrar su fibra. Debo recordar que estoy hablando de fines del 83 y principios del 84, cuando aún estábamos en dictadura, y nada que pudiéramos hacer lo desconocía la policía.
A Padilla y Cufré ya los nombré, pero en los laberintos del tabaco, entre galpones y canalones, estufas y galpones, aparecieron el Macho Vega, Bajinho, Walter López (sí, el amigo que me llamó el sábado), los Guedes, y muchos compañeros más.
Para mí, tipo de Bellas Artes, con nivel universitario, soñando en abstracto con ilusiones intelectuales, de pronto pisé la misma tierra de mis compañeros y ellos me enseñaron lo que no había aprendido.
El Bajinho era un hombre riverense, bajo, robusto. Era un tipo de principios firmes, politizado, de un conocimiento cabal de los desamparados, de los pobres y sus valores, y de saber trasmitir a los demás el necesario convencimiento para defender sus derechos. En el sindicato tenía un olfato increíble para detectar a los traidores, y los enfrentaba, y me lo hacía saber. Una vez el Bajinho me contó de un grupo de mujeres contrabandistas en la ruta 5, viniendo desde Rivera, que una debió acostarse con un camionero, por sorteo y en representación del resto, para que todas pudieran pasar el contrabando, escondidas en la caja cerrada, porque la aduana estaba próxima. Recuerdo que al criticar la actitud de la mujer, él se enojó y me hizo ver que de aquella forma las mujeres no perdieron el sustento para sus familias, y que no se podía juzgar aquel hecho con preconceptos, y desde afuera. Él me hizo ver a aquella contrabandista como una heroína luchando por la comida de sus hijos, y los hijos de sus compañeras. Supe que el Bajinho murió unos años después de una cuchillada, defendiendo a un compañero en las cañas de azúcar de Bella Unión.
Otra vez, a principios del 84, un importante técnico de la tabacalera, muy campechano, me insultó y quiso agredirme en un galpón, porque  en medio de una asamblea yo le había dicho que él nada tenía que hacer allí,  y el Macho Vega le puso su brazo adelante y no lo dejó pasar. El brazo de mi compañero fue una barrera infranqueable. Mucho tiempo después, cuando nos habían echado del trabajo a los dirigentes, antes de vender la Greco-Uruguaya a Monte Paz, había surgido un sindicato amarillo, que no quiso comprender que los echados éramos sus compañeros. Entonces hice una denuncia pública de la situación de los trabajadores, yo era edil departamental, y los amarillos quisieron sacar una declaración en mi contra. Sin embargo la asamblea me defendió, y el presidente amarillo, un conocido edil de aquella época, debió renunciar. Sé que el Macho fue fundamental en aquella reunión.
Con el Macho Vega aprendí que un tipo del partido colorado podía ser tan duro y tan firme en la defensa de sus compañeros, como cualquiera. Pocas veces me he encontrado con él, después de aquello. Sé que un tractor le destrozó un pie, y que vive en el barrio Etcheverry, y no tengo idea si sigue siendo colorado. No importa a la hora de recordar a un gran compañero.
El Mono Silva (Timoteo Silva) perteneció a la primera comisión directiva, y no dudó un instante en plegarse a la lucha. Con él fui a Montevideo a presentar la solicitud de asociación laboral, en febrero del 84 (aún en dictadura). Recuerdo que al salir del Ministerio, con el trámite realizado, caminábamos por calle Colonia en la capital y el Mono (que nunca había ido a Montevideo) miraba sorprendido a la gente en los bares, desayunando, leyendo, de corbata, mujeres peinadas, de tacos… y me hizo un comentario que jamás olvidaré: “mirá lo que tienen y después protestan”, y tuve que explicarle que esa era la vida del montevideano (yo, con 29 años, ya la conocía de memoria), y que aquellos también eran trabajadores, que quizás vivían en el Cerro, o en Pajas Blancas… él no sé si comprendió, pero me hizo pensar en aquellos que nunca tuvieron nada más que su pequeño mundo, en un barrio perdido de pueblo chico, explotados y olvidados. Aún así, el Mono, blanco durante toda su vida, fue uno de los tipos más solidarios que conocí, y amigo para siempre.
Heber Padilla fue invalorable, colaboró como ninguno en formar el primer sindicato rural del país en dictadura, aquí en Tacuarembó. Entre muchas cosas que hizo por sus compañeros, Padilla, que era y es comunista, nos demostró que se pueden hacer cosas importantes por todos, a través de cosas simples. El comedor de la tabacalera funcionaba mal, los trabajadores estaban desconformes. Pero un día suplió al cocinero anterior, mi amigo Padilla, y el tiempo que estuvo al frente de la cocina, yo lo veía cortar las cebollas y las papas, freír la carne en el aceite, agregar la sal, las especias y el tomate, con la dedicación de quien podría estar cocinando para sus hermanos queridos, o para sus propios hijos. Durante el año 84, el último de la dictadura, estoy seguro que los tabacaleros de Tacuarembó, pobres y explotados, muchos de ellos comieron los mejores ensopados que habrían comido en toda su vida. Hace poco estuve con él, sé que anda en la vuelta del Cerrito, y cuando lo veo, veo a uno de los mejores compañeros que he tenido en mi vida. De esos que son leales, de los que uno es capaz de dejarle todo lo propio en confianza.
Walter López es de esa especie de tipos que en el momento justo saben qué deben hacer, y no aflojan. En el año 2005 me reencontré con él, después de muchos años sin vernos. Nos recordamos de la tabacalera, cuando él era un gurí que apoyaba en todo a los compañeros, y que era incondicional para las tareas sindicales. Pero en el reencuentro, él era casi tan veterano como yo; habíamos cambiado, aunque no tanto.
Entre él y Néstor Estévez armaron el sindicato SOIMA desde Tacuarembó, juntaron y afiliaron a cientos de trabajadores diseminados por los monocultivos de eucaliptos y pinos, y lograron bajar la explotación, los malos tratos, mejorar la seguridad, entre otras cosas. Yo colaboré con artículos periodísticos, y trasladándoles mi experiencia en decenas de reuniones, en mi casa, por lo que siento que también colaboré en la fundación del SOIMA.
El 19 de mayo de 2005 le hice una nota a Walter, y me decía: “los sindicalistas no queremos perjudicar a las empresas, lo que queremos es simplemente mejorar las condiciones de trabajo de nuestra gente”… en otro pasaje, hablando sobre los derechos de los trabajadores forestales, y la explotación, dijo: “la mayoría ignora todo eso (la explotación, la insalubridad, etc.), creen que es normal, que ellos no tienen derecho a muchas cosas. No saben lo qué es vivir bien porque a lo mejor jamás tuvieron nada. Hay otros que no ignoran esos derechos, pero que tratan de conservar ese trabajito porque tienen familia, tienen hijos. A veces hay tipos que aún sabiendo que se están enfermando, piensan que la familia está primero, y algo hay que poner arriba de la mesa”.
Walter no terminó la escuela, pero pudo interpretar a sus compañeros como pocos, y jamás claudicó de sus principios de compañero y revolucionario. Hace años que anda entre idas y vueltas, hace dos meses que su madre murió con más de 90 años, y en este momento vive en Montevideo en una pieza que alquila, ahora luchando por sí mismo, con la misma entereza con que luchó por muchísimos compañeros, en cada uno de los lugares de trabajo que estuvo.

Estos compañeros son banderas. Tipos necesarios, gente notable. Me queda para hablar de Cufré, de la Guaracha, de Marta Fernández muy joven, de Teresa, de Luis, de Fabila, y de tantos y tantos que estuvieron allí a la hora difícil de pelear por ellos y por otros.
Walter me enseñó que hay una clase de gente que no necesitan ni encuadrarse ni tanta cultura para entender que llegada la hora, deben jugarse por los demás. Existe un liderazgo natural en estas personas, que otros esperan que aparezca para poder vivir mejor. En Walter floreció siempre, y sus compañeros, los verdaderos, supieron aprovecharlo.
Oscar Rodríguez, compañero de tareas en el semanario, cuando vio de qué estaba escribiendo, dibujó rápidamente en cuatro palabras lo que he querido decir en toda esta nota: “los compañeros del camino”.

Nº 326

EDITORIAL:


El mejor Pepe… José Artigas
 
Por MAOP
El lunes 10 de octubre se recordó en Montevideo la proclamación como “Jefe de los Orientales” a José Artigas, líder de la revolución de la Banda Oriental, en la quinta de “La Paraguaya”, ubicada en lo que es hoy zona de Tres Cruces, en la capital del país. El acontecimiento habría ocurrido (no hay seguridad histórica sobre la fecha), el 10 de octubre de 1811.
Tomada de los pelos la historia, se ha optado por la moda de los bicentenarios en Latinoamérica, y se urdió este tipo de conmemoraciones sin que la población, ni siquiera los estudiantes, sepan realmente cuál ha sido el proceso histórico de lo que fuera la Banda Oriental, y o por qué se le llamó el “Protector de los Pueblos Libres”, o qué significó la Liga de los Pueblos Libres  (Banda Oriental, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Misiones)
Luego de la reforma agraria impulsada por Artigas, “Reglamento de Tierras de 1815”, las oligarquías criollas se aliaron con porteños, brasileños, españoles, portugueses o ingleses, con el que fuere para recuperar las tierras que habían sido entregadas a criollos pobres, negros libertos, mujeres con hijos, indios, sin importar el destino de la revolución impulsada por Artigas, cuya visión era la libertad de los pueblos de América.
Uruguay nació en 1828 en un tratado realizado en Río de Janeiro entre Argentina, Brasil e Inglaterra, en el que se estableció la independencia como Estado de la actual zona de la Banda Oriental. El diplomático inglés, Lord Ponsomby, convenció a argentinos y brasileños a no “gastar más dinero” en una interminable guerra por la Banda Oriental, asunto que impedía el comercio inglés de la época.
Ponsomby escribió a Londres (está documentado) en esa época: “Los intereses y la seguridad del comercio británico, serían grandemente aumentados en un Estado en que los gobernantes cultivaran una amistad por Inglaterra. La Banda Oriental contiene la llave del Plata y de Sud América, debemos perpetuar una división geográfica de Estados que beneficie a Inglaterra. Por largo tiempo los orientales no tendrán marina y no tendrán la posibilidad de impedir el comercio inglés.”
Hay que recordar que Artigas, el 3 de agosto de 1817 había firmado en Purificación un decreto por el cual se cobraba impuestos a los barcos ingleses para comerciar en la Banda Oriental, y se les prohibía ingresar al territorio, más allá de los puertos. Parte de aquel documento decía: “Aquellos buques ingleses que comercian con la Banda Oriental tienen que usar sus colores nacionales y estar provistos de un pasaporte del Comandante británico. Tendrán que pagar los derechos fijados en el documento adjunto sobre las importaciones y exportaciones”
Atando con alambre la historia, hoy festejamos lo que no fue, porque bajo ningún concepto Artigas es el prócer de la traición perpetrada contra él por todos los que vinieron luego, y aceptaron la intromisión del imperio inglés, o la presión de las oligarquías criollas. Ellos crearon un Estado “tapón”, que recién logró cierta independencia a fines del siglo XIX, luego de que nuestro país fuera controlado por los acuerdos del 28, entre  Argentina y Brasil (recordemos la invasión brasileña en 1864 - 1865, el sitio a Paysandú, y el asesinato de Leandro Gómez)
Si hoy conmemoráramos realmente el ideario artiguista, si estuviéramos homenajeando a Artigas, tendríamos un compromiso ético de atender a los discriminados, a los pobres, o luchar contra los imperios y defender la tierra de intereses foráneos, o luchar por la integración de América Latina.
En los días previos al 10 de octubre pasado se erigieron en Montevideo 4 escenarios faraónicos y se contrató a varios músicos (algunos son conocidos y oportunos empresarios, que cobran demasiado bien sus actuaciones), convocando gratuitamente a la población a presenciar los espectáculos. Según algunos medios internacionales, concurrieron más de 300mil personas, llenando las calles, y vivando a los artistas.
Los partidos opositores criticaron la fiesta y el gasto (un millón y medio de dólares), y recordaron tantas cosas sin hacer o a medio hacer, o tanta inversión que se necesita en diferentes ámbitos de la vida del país. Desde la prensa de derecha critican además al propio Artigas, y ponen énfasis que el mejor Pepe no quería al Uruguay.
Los blancos hablan de “pan y circo”, los colorados hablan del dinero, los frenteamplistas no saben qué están festejando.
Quizás podríamos llenar este semanario hablando sobre todo lo que nos sugiere esta fiesta montevideana, discriminatoria con el interior del país en primer lugar, y caprichosa desde todo punto de vista. Dice el Bocha Benavídez en su página de facebook que se olvidaron de invitar a varios artistas, supongo que los que él considera que tuvieron protagonismo en este proceso democrático que partió desde la mismísima dictadura. El Bocha recuerda que no fueron invitados, en una lista apresurada que confecciona (lo dice): Dino, Grupo Universo, Numa Moraes, Fernando Cabrera, Manuel Capella, Carlos Mª  Fossatti, Omar Romano, Tacuruses, Julio V.González  "el Zucará" ,Lucio Muniz, Carlos Benavídez, Washington y Cristina, Abel García, Ruben Olivera, Yamandú Palacios, Roberto Darwin, Larbanois Carrero, Alán Gómez, Solipalma, Johny de Mello, Cacho Labandera, Mario Paz, Tabaré Arapí, A. Stagnaro… y bueno, la lista es larga y sigue. Pero esta lista es sugerente, pues invitaron a los que están preparados para los megaespectáculos, o alguno que ya era demasiado dejarlo afuera, como Daniel Viglietti  (a quien admiro y dejo afuera de cualquier suspicacia). Tampoco estuvieron las murgas. Creo que la lista del Bocha explica que a los organizadores les interesó el show, solamente.
En esta nota, sin embargo, no pretendí analizar la lista de invitados (que cobraron muy bien los que fueron), sino la sinrazón de la fiesta, o la hipocresía con la que se festeja… ¿qué?

Nº 325

Editorial:
7 años, y no dé más vueltas…
Por MAOP
A Richard…
El 6 de octubre se cumplieron 7 años de la creación de Acción Informativa en Tacuarembó. Desde el 22 de mayo estamos llegando a Rivera, y la posibilidad de contar con un periodista en la frontera como el Chumbo, nos abre una posibilidad notable de irnos convirtiendo en una publicación del norte del país, que es nuestra intención hacia el futuro.
La idea de la creación de Acción Informativa surgió cuando teníamos, hace siete años y medio, Acción Cultural, y a Richard Valenzuela lo despidieron de Radio Tacuarembó por trasmitir la noticia  que a un primo de un jerarca municipal había sido procesado por un asunto ilícito de patentes.
En Tacuarembó nadie levantó la noticia (ni del ilícito, ni del despido de Valenzuela), y Richard fue una voz en solitario, por lo que pagó muy caro. Todos los demás comunicadores lo abandonaron, fue culpado, se acordaron de viejas historias, y enjuiciaron la integridad del que hoy es mi amigo.
Recuerdo que concurrí a una reunión del Círculo de Periodistas y pregunté qué harían sus compañeros por él, y hubo un silencio sepulcral cuando intervine. Recuerdo que se me respondió que no estaba en el orden del día, y el asunto finalmente se desechó. Ante una situación tan difícil para Valenzuela, de lo único que se habló en esa reunión fue de una comida y de un panteón. Fue a la única reunión del Círculo a la que concurrí en todos estos años.
Lo conocí a Richard al salir de esa reunión, y a partir de ese momento nació una amistad que en la medida que han pasado los años, ha crecido.
La soledad de Richard lo trasladó a un mundo que seguramente él no habría soñado jamás, y que habrá tranquilizado las conciencias de quienes no lo defendieron. Sin trabajo y acosado, terminó en una situación de la que temí terminara en su autoeliminación.
Sin embargo, del compromiso inicial, durante años intenté estar a su lado para que no cayera más de lo que lo habían empujado, pero él se sobrepuso. Pasó el tiempo, así que hoy, cuando lo escucho trasmitiendo nuevamente “Ocho Letras”, desde Mundo Real en la 98.3 FM, escucho a un hermano que ha vuelto a la vida, con el compromiso de bien vivirla.
Acción Informativa se recrea en eso, en ese comienzo, de la defensa de lo injusto, como fue el caso de Richard, que nos jugamos por él, sin conocerlo de antes. Y Acción Informativa se simboliza también en la amistad que se reforzó con Richard, a lo largo de estos años, a pesar de todos los sinsabores por los que él y quien escribe, hemos pasado.
Alguien me decía hace poco, ante hechos que me han provocado malestar, que en Tacuarembó existe una “conspiración de silencio”. Y la sintetizo en la denuncia que un grupo político del Frente Amplio realizó contra el ex Presidente de la Cámara de Representantes, ex Intendente y actual integrante del Directorio del Instituto de Colonización, Dr. Julio Cardozo, contra el ex Diputado, ex Intendente, ex Secretario General y hombre de confianza de la Agrupación 50, Darío Ferraz Braga, y el por años Secretario General de la IDT, Dr. José Omar Menéndez, por delitos electorales y conjunción de intereses. Esta denuncia no ha sido ni convertida en noticia, ni analizada, ni levantada por ningún medio, salvo Acción Informativa y el programa Ocho Letras de nuestro buen amigo Richard Valenzuela. El lector se imaginará que si semejante noticia hubiera nacido de la Intendencia de Montevideo, la prensa del país entero (incluso de ellos) se estarían haciendo una fiesta.
Cumplimos 7 años,  estamos orgullosos de todo lo que hemos pasado, y de la gente que nos acompañó y nos acompaña. Cumplimos 7 años, y tal como lo dice Richard en su programa radial, “y no dé más vueltas…”