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Bienvenidos al blog del Semanario LaOtraVoz de Tacuarembó (ex Acción Informativa).


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domingo, 25 de septiembre de 2011

Nº 323

Editorial:
El otro 11 de setiembre…
Por MAOP
Hay imágenes que a uno no se le van nunca, es como si quedaran prendidas con toda su escenografía, con sus luces, rostros y palabras. Seguramente las evocamos y vuelven según lo que vivamos hoy, como partes subjetivas desde nuestros archivos personales.
Hago referencia a un recuerdo en particular, de cuando yo tenía 16 años recién cumplidos y estaba en un imborrable cuarto D en el Liceo 1 de Tacuarembó.
La imagen: el patio frente a la puerta que daba a la administración del liceo, y la jovencísima Eda Martínez (hermana del gran “Pelo” Martínez) que apareció por la puerta doble del corredor, corriendo a abrazarme, para decirme que Salvador Allende había ganado en las elecciones de Chile. No recuerdo bien el día, pero supongo que habrá sido algunos después del 4 de setiembre del 70, día aquel en el que se realizaron las elecciones en el país trasandino.
Para Eda y para mí (no sé si para alguno más de los compañeros de clase de aquella época) fue un motivo de regocijo saber que la izquierda comenzaba un derrotero de transformaciones en nuestro continente, y nos alimentaba la esperanza por las elecciones futuras del Uruguay, para las que la izquierda uruguaya estaba consolidando su unidad.
Es que Salvador Allende Gossens fue el líder de la izquierda chilena y latinoamericana, y era el candidato a presidente por Unidad Popular en las elecciones presidenciales de 1970.
En resumen, Allende ganó con un 36,2 por ciento de los votos por sobre el 34,9 por ciento del derechista Jorge Alessandri, y el 27,8 por ciento del democratacristiano Radomiro Tomic.
Chile quedó partido en tres partes, sin embargo Allende demostró que se podía realizar una revolución a través de las urnas, e intentó hacer un gobierno socialista, en un continente que ascendían en todos sus rincones movimientos nacionalistas y libertarios, aunque con respuestas duras de las fuerzas oligárquicas y de derecha, amparadas, financiadas y respaldadas logísticamente por la CIA.
Durante su gobierno, Allende fue estatizando áreas claves de la economía, nacionalizó las minas de cobre, comenzó una justa reforma agraria, congeló los precios del consumo, aumentó los salarios, etc.…
Todo lo que hizo, lo hizo a favor de las clases populares, y en contra de los intereses de la oligarquía reaccionaria chilena, y en contra de los intereses imperialistas (las minas de cobre, como ejemplo).
En Estados Unidos Richard Nixon y Henry Kissinger comenzaban a pergeñar un plan para derrocar a Allende a través de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y comenzó una campaña de desprestigio instrumentada por el Imperio y sus sicarios latinoamericanos.  El golpe se concretó el 11 de setiembre de 1973; ese día el General Augusto Pinochet ordenó atacar la Casa de la Moneda (edificio del gobierno chileno), y horas más tarde, de casco puesto y con aquella sentencia del “me sacarán muerto”, el inmenso Salvador Allende se suicidó con un fusil AK-47.
Si bien siempre hubo secretos, la verdad se conocía internacionalmente. El plan para el derrocamiento y golpe de Estado fue finalmente develado el 11 de setiembre de 1998, 25 años después del golpe, cuando fue publicado por el National Security Archive (información de Wikipedia), y se conoció como el Proyecto FULBET (también conocido como Track II)
En el año 73, en Uruguay ya vivíamos la reciente dictadura instaurada el 27 de junio, pocos meses antes de aquel también nefasto 11 de setiembre.
Yo había vuelto de Montevideo porque me habían cerrado la Escuela de Bellas Artes y retomé secundaria (me había ido en el 71). Al liceo concurríamos de túnica y el pelo no podía sobrepasar el cuello de la camisa. Éramos demasiado jóvenes, y de las vagas ideas revolucionarias, todo se volvió un largo silencio. No podíamos ni siquiera comentar sobre Chile, ni lo que podría suceder en Uruguay, 
Nuestros mayores continuaban la lucha en las sombras, lo supimos luego, aunque nosotros sostuvimos la luz prendida en nuestras conciencias sin conocer qué sucedía realmente, aunque nos fuimos despertando en el 79, o en el 80, cuando el pueblo derrotó a la dictadura en el plebiscito que derrotó el proyecto de Constitución que pretendió las Fuerzas Armadas uruguayas.
Luego de eso comenzamos a saber la verdadera dimensión de los hechos, en la medida que muchos jóvenes íbamos madurando. Supimos de los 70mil muertos y desaparecidos en Chile durante la dictadura de Pinochet, o de los 50mil de Argentina, o los miles en Brasil y Paraguay, o en Bolivia, o en Perú, o en Centro América… y los que tuvimos nosotros, y los torturados, y todo lo que sucedió.
Cada persona quedó aislada, y solamente algunos  de nuestros mayores, o los que sufrieron pérdidas o fueron torturados o se fueron, pudieron comprender a tiempo el alcance de las dictaduras, y sus motivos.
No recuerdo qué estaba haciendo el 11 de setiembre de 1973, pero las radios vagamente hablaban de una gesta heroica en Chile, y que el “comunismo” iba siendo derrotado en todos los frentes.
Encerrados en nuestros liceos, encerrados en nuestras casas, encerrados en nuestras calles, el destino parecía depender de nuestra capacidad de absorber los mensajes que recibíamos, apenas, entre miradas o breves comentarios con miedo.
Ya no podía aparecer Eda, mi compañera de clases, a abrazarme y esa vez llorar porque habían derrocado a Allende, y se había muerto.

Nº 322

EDITORIAL:

El Imperio, Ana y yo
Por MAOP
El fin de semana pasado anduve por Montevideo, ciudad solidaria y bella, que en diferentes épocas de mi vida me fue enseñando valores que intento cobijar.
El sábado era gris, pero salimos igual del apartamento con Ana María, tomando mate con termo bajo el brazo, caminando por Gaboto, desde Guayabo hacia la rambla.  Los edificios de Montevideo tienen una cosa añeja y misteriosa, y parecen hechos para esos días como el sábado, de cielo gris apretujado, no de tanto frío, pero con ese aire de olor a mar que te llega suave a tu piel.
Saqué algunas fotos de casas antiguas, de puertas coloniales, o alerones de tejas, o macetas de flores entre rejas. Los sábados, Montevideo parece tener menos gente.
A las diez cuadras de caminar, llegando a la rambla, un enorme edificio entorpecía la calle y la torcía hacia la derecha. Era la embajada de Estados Unidos, que acabábamos de descubrir.
Levanté la cámara y le saqué un par de fotos, a lo que Ana me comentó - ¿justo hoy? – y nos reímos, porque era el 10 de setiembre, vísperas de los 10 años del ataque a las torres gemelas de New York. – Ahora viene algún milico – le contesté en broma, y nos cruzamos algún otro mate.
- Señor, señor – escuché detrás de nosotros, y era, efectivamente, un agente (Silva nos dijo). Amable sin dudas, pero me preguntó si éramos turistas y si no sabíamos que no se podían sacar fotos al pabellón de Estados Unidos. No lo tomé en serio y le gasté alguna broma, pero le dije que no era turista, que era periodista y andábamos paseando. El agente Silva me hizo saber que de adentro nos estaban mirando a través de cámaras de seguridad, y que por favor borrara las fotos que había sacado del edificio. Le dije que no las borraría, y se las mostré. Le hice saber que podía sacar fotos de donde quisiera y a los yankees les puse algún adjetivo seguramente despectivo. Luego nos despedimos, y el agente, de boina, pistola  y lleno de bolsillos y cueros, se fue hablando con su hombro.
Al cruzar la rambla, el edificio gris de la embajada parecía seguir mirándonos, y fui aquilatando el tonto incidente que acababa de ocurrir.
Volvimos porque había empezado a llover, pero de pronto tuve la verdadera dimensión del incidente, cuando vimos acercarse un patrullero a la embajada y nosotros estábamos en medio de la rambla, junto al río de la Plata, armados con un mate, un termo y una humilde maquinita de fotos.
Hacía mucho tiempo que no sentía esa fragilidad.
¿Qué significábamos nosotros, Ana con sus reivindicaciones indígenas, con sus luchas sociales, con sus libros y su fresca inteligencia, yo, con mi semanario de pueblo, mis dibujos y mis historias contadas? Nada. Para ellos no éramos nada, solamente un peligro.
Conjeturamos con que por ese simple incidente, vaya a saber si alguna vez ella pudiera volver a Estados Unidos (estuvo en la ONU, en New York, y en el BID, en Washington, hace pocos años), y yo, difícilmente, pues tuve el tupé de apuntar al Imperio más poderoso de la historia con una Samsung L210 de 10.2 mega pixeles, y seguramente estaremos ya en sus neuróticos registros, hasta el fin de los días.
El 11 de setiembre de 2001 murieron en Estados Unidos 2.973 personas, debido a atentados que ocurrieron contra las torres gemelas de New York y el Pentágono en Washington. Tres aviones tomados por terroristas chocaron contra estos objetivos. Un cuarto avión fue presumiblemente derribado sin llegar a su objetivo.
Todos supimos que ese día cambiaría la historia de la humanidad, y la bestia herida, el imperio, respondió de la forma más tenebrosa que pudo haberlo hecho. Invadió, con excusas mentirosas que luego fueron descubiertas, a Afganistán e Irak, provocando, al cabo de estos años, más de un millón de muertos. Destruyó más de 500 edificios importantes, miles de hogares de civiles. Mató a gente de todas las edades y violó los derechos humanos en forma indiscriminada.
Estas dos guerras costaron más de cinco billones de dólares. Dinero más que suficiente para terminar con el hambre y la enfermedad en África, o elevar al rango de desarrollada a toda América Latina.
George W. Bush utilizó la muerte de sus conciudadanos y las invasiones a pueblos desprotegidos, no solo para controlar el petróleo de esos países o los puntos geopolíticos militares que representan, sino para volver a ser electo presidente. Muchos recordarán la oportuna amenaza de Bin Laden, pocos días antes de las elecciones, que se hizo pública, y decidió que el pueblo yankee resolviera seguir con su perro guardián en la puerta de su casa.
Al cabo de un siglo, Estados Unidos ha asesinado más gente que cualquier otro imperio en épocas pretéritas, y su afán bélico tiene como objetivo sostener el poder planetario, y los privilegios económicos de las corporaciones que sostienen el sistema. Porque ni siquiera le interesa sostener su propia economía social, que se ha resquebrajado en negocios inmobiliarios inhumanos, y detenta niveles de pobreza superiores a los de Uruguay.
Sostienen un aparato de inteligencia, seguramente superior a lo que nos podamos imaginar, y toma, casi “normalmente”, medidas esquizofrénicas para preservar “su seguridad”.
No puedo negar que luego de haber apuntado al imperio con mi maquinita de fotos, se me cruzaron todas estas cosas por mi cabeza, luego de esa ingenua circunstancia vivida con Ana María.

Nº 321

EDITORIAL:

Amenazan e injurian nuestro trabajo periodístico
A los verdugos se les reconoce
siempre. Tienen cara de miedo.
Jean-Paul Sartre (1905 - 1980)

Por MAOP
El día miércoles 7 pasado concurrí a la Dirección de Investigaciones de la Policía de Tacuarembó, acompañado por el Dr. Cley Espinosa, donde radiqué denuncia penal por una serie de mensajes recibidos a mi celular, con insultos y amenazas.
Los mensajes, enviados desde el anonimato, están referidos a artículos que escribí sobre 140 personas que ingresaron a la Intendencia Departamental de Tacuarembó, cuando el Dr. Julio Cardozo era Intendente, y que fueran despedidos unos cuatro días después que asumiera Wilson Ezquerra, con documento firmado un día antes del cambio de mando por Cardozo.
Las personas que ingresaron pertenecían a la lista del ex Intendente Julio Cardozo cuando fuera candidato a Diputado, y fue obligado a firmar el cese de sus 140 compañeros a cambio de un puesto en la Dirección del Instituto Nacional de Colonización. Esta condición fue una exigencia, según nos confirmaron fuentes del mismísimo Partido Nacional, por los más altos dirigentes locales.
El primer artículo escrito al respecto por Acción Informativa fue una nota realizada a Juan José González y Gabriela Delgado, dos ex funcionarios municipales, quienes reconocieron que eran militantes de Julio Cardozo y fueron puestos por éste en los 6 meses que estuvo de Intendente, en lo previo a las elecciones departamentales. Ellos, actualmente están realizando un juicio a la Intendencia por sus despidos.
El resto de los artículos no han sido otra cosa que haber recogido una denuncia realizada por los ediles Techera, Apatía, Barboza y Olivera, los cuatro de la lista 800 del Frente Amplio, y publicarla.
La denuncia penal de la 800 fue presentada ante la jueza Dra. Virginia Ginares, y sus autores declararon el martes 30 de agosto de la semana pasada. El miércoles 31, al día siguiente, declararon Julio Cardozo, José Omar Menéndez y Darío Ferraz Braga, los tres denunciados.
El día martes, cerca de las 4 de la tarde, fui a fotografiar a los denunciantes, pero a esa hora solamente estaban Francisco Barboza y Alberto Olivera, a los que igualmente fotografié.
Ese día la Dra. Virginia Ginares me hizo llamar por un funcionario, y me dijo que estaba prohibido fotografiar en el interior del Juzgado, a la que le contesté que lo hacía con el consentimiento de las personas, y presenté mis disculpas. No hubo problemas. Por otra parte, le pregunté por esta denuncia de la 800, pero no dio su opinión.
El jueves, el día siguiente que declararon los denunciados integrantes de la Agrupación 50 del Partido Nacional de Tacuarembó, comencé a recibir mensajes a mi celular, que fueron subiendo de tono en la medida que los enviaban. El primero dice: “Tacua olivera prieto utiliza la desgracia ajena sacando fotos en el juzgado asi vende mas su diario que lo leen entre ellos” (transcribimos textual)
Por el “Tacua” al comienzo, da la pauta que primero habría sido enviado a un programa de radio local, al que se debe poner ese comienzo para ingresar, y luego fue reenviado a mi celular. Pero lo que denota el mensaje, es que la molestia fue causada por mi presencia en el juzgado (¿quién me vio, si no he publicado nada aún, hasta este momento?), y que el conjunto de mensajes posteriores tienen que ver con el simple hecho de publicar una situación judicial real, y un hecho que denuncian los propios funcionarios que fueron cesados por Julio Cardozo.
Entre los textos enviados, algunos dicen: “cuantos currean con esos diarios en la I.M.T. y todavía hablan mal de los blancos y colarados y viven los frentistas de ellos; son malagradecidos !!no”, otro: “te crees Mario Benedetti ja a todos le llega a voz te llegara también miguelito…”, otro: “ahora te crees Juana, quien te conoce enano, anda a vender tu diarucho a los tuyos q.son los q. te leen…”, otro: “cabecita pelada profesor de tatuceras los blancos les matan el hambre recentidos sociales y tu semanario le sirve a la sociedad solo para limpiarse el culo lucrador”
Estos mensajes fueron enviados el día 1 de setiembre, y ese día publiqué en facebook informando que me los habían enviado y que iba a realizar la denuncia. Seguramente, quien lo hace, habrá tenido temor y el lunes 5 de setiembre volvió con una andanada, pero pretendiendo hacerme creer que se trataba de una mujer que habría tenido alguna relación conmigo, pero seguía con el “no me gusta que escribas cosas así…”. Está claro que la persona pretendió despistar.

Es interesante decir que los tres dirigentes blancos que declararon el miércoles, presentaron en la Justicia los semanarios Acción Informativa en su respuesta (cosa confirmada), y que (lo siguiente es conjetura, por lo que pedimos disculpas, pero debemos hacerlo), seguramente habrán argumentado que era una “operación política” de la 800 (FA) con este semanario.
Imagínese usted, amigo lector, que recibimos la información de una denuncia por delito electoral y conjunción de intereses contra jerarcas municipales, y no le damos importancia. Usted podrá creer, si se entera que no le dimos importancia, que: o fuimos negligentes por obviar una noticia de tal relevancia, o que consideramos oportuno no informar sobre ella porque eso me podría traer problemas.
Quizás algunos de los periodistas de Tacuarembó no hayan evaluado la importancia de la denuncia, pero otros sí, y tuvieron desidia a la hora de hablar de ella (quizás implicara llamar al Dr. Techera, por ejemplo, y eso significaba “hacerle propaganda política”), entonces resolvieron no hablar de ella. Y por otro lado, varios periodistas se habrán relamido por hablar de la denuncia, pero consideraron cuánto le cobra su medio a la Intendencia por mes, y habrán hecho un cálculo matemático de sus posibles pérdidas.
Al ser así, el operativo político lo viene realizando hace muchos años la propia Intendencia Departamental de Tacuarembó, la que tiene atados del pico a la inmensa mayoría de los periodistas de Tacuarembó, y con ello, nadie habla mal de los negocios municipales con empresas privadas, o no denuncian cuando en las elecciones dilapidan el erario municipal (del pueblo), comprando votos, o los negocios de combustible, o los negocios inmobiliarios. O el mismo clientelismo, jugando con la gente, como es el caso de la denuncia de la 800 del Frente Amplio, en cuya situación 140 personas (72 reconocidos por la propia Intendencia) fueron perjudicadas, a cambio de un cargo en el Instituto Nacional de Colonización.
Acción Informativa quizás sea el “gil” de todo esto, pues no tiene ataduras para publicar algo que debería ser obvio publicar, pero estos mensajes no hacen más que confirmar que tenemos razón. Los mensajes muestran un conocimiento claro de la interna municipal y del relacionamiento de la Intendencia con los medios. Sabe, conoce, e indudablemente el anónimo está cerca de ellos.
Para terminar, en un mensaje dice que hablo mal de alguien y después iré a “llorarle a la I.M.T. que lo compre para tener algún pesito Miguelito”. Y la verdad es que le he enviado algunos mensajes al Intendente Wilson Ezquerra, o le he realizado llamados a su celular, y ninguno me responde. Mi intención es hacerle una nota para preguntarle sobre su plan de obras hacia el futuro de los años que le quedan al frente de la Intendencia. Quizás crea que en este semanario estamos desesperados por recibir alguna limosna municipal, pensando que todos tenemos precio. Es posible que alguien cercano, lo sepa. Es posible.