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Bienvenidos al blog del Semanario LaOtraVoz de Tacuarembó (ex Acción Informativa).


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lunes, 7 de marzo de 2011

Nº 297


EDITORIAL
Para los municipales la Patria Gaucha es “el lujo de la miseria”
ADEOMT: Ocupación y desalojo acordado
El jueves a las 7 de la mañana el gremio de ADEOMT ocupó nuevamente las instalaciones de la Intendencia de Tacuarembó. Pusieron candado en las puertas, e hicieron lacrar las oficinas ante escribana pública.
El asunto es viejo y sabido. Los funcionarios municipales apenas cobran 7.500 pesos de sueldo, y si se les suman los beneficios, ascienden muy poco a esa suma.
De todas formas, en plena Patria Gaucha, y con la presencia de Ministros y de todos los intendentes del país (se estaba realizando ayer el Congreso de Intendentes en nuestra ciudad), el escrache fue grande.
Por las calles un altavoz recorría la ciudad y las cercanías de la Laguna de las Lavanderas, con slogan como: “La Intendencia financia la Patria Gaucha con cientos de miles de dólares, pero ofreció canastitas de 300 pesos cada tres meses a los funcionarios municipales, porque no acuerda en aumentar sus salarios como corresponde. La Patria Gaucha es el lujo de la miseria para el trabajador municipal.
Somos los empleados municipales peor pagados del Uruguay”, con la voz del actor y poeta Oscar Neco Brocco.
Cuando ocuparon, Acción Informativa estuvo presente, y habló inmediatamente con el Presidente del Sindicato, Oscar Pedrozo.
Nos dijo:
Acción Informativa: Oscar Pedrozo, siete de la mañana y poquitito, recién tomaron la Intendencia. Decime los motivos.
Oscar Pedrozo: Como venimos tallando hace un largo tiempo, los motivos de todo esto es la recuperación salarial, que no se logró por la intransigencia que ha demostrado el Ejecutivo Departamental. Ese es el motivo fundamental.
Acción Informativa: Que sea esta ocupación en plena Patria Gaucha, ¿tiene alguna connotación?
Oscar Pedrozo: Sin lugar a dudas que es una de las fiestas más importantes que tiene el departamento, y nosotros tenemos que hacer sentir nuestros reclamos. Hay que aprovechar para hacer conocer a la población de Tacuarembó y los visitantes, este hecho, que el Ejecutivo Departamental no ha querido arreglar el tema salarial.

Como a las diez de la mañana hubo una reunión de acuerdos que se sostuvo en las oficinas de ADEOMT, con los doctores Gustavo Ramos y Fernando Saralegui por la Intendencia, la Dra. Susana do Santos por el Ministerio de Trabajo, la Dra. Rosario Olivera como asesora de ADEOMT, y Oscar Pedrozo, Javier Rodríguez y varios trabajadores municipales más.
Fernando Saralegui explicó que ellos no estaban negociando, que con la Intendencia ocupada el Intendente Wilson Ezquerra no lo iba a hacer.
La Dra. Susana do Santos, por el Ministerio, perdió por momentos la neutralidad y opinó que la medida tomada no conducía a nada, y que debían haber hablado con ella para tratar de negociar.
La Dra. Rosario Olivera le contestó que a ADEOMT le habían dicho del propio Ministerio, en sus oficinas centrales, que mandaran todo para la capital, porque en Tacuarembó no resolvían nada.
Los dirigentes sindicales defendieron sus posiciones, dejando claro que esa medida ahora obligaba a entablar un nuevo momento de diálogo, y que si no fuera de otra forma, el Intendente “no les daba pelotas”.
Finalmente acordaron que se levantaría la ocupación y que tendrían una mesa de diálogo a las 15.30 horas del mismo día jueves.
Sin embargo ocurrió algo extraño. A las 12 del mediodía, Acción Informativa es avisada que grupos especiales de choque de la policía estaban apostados frente al corralón de la Intendencia, y que el Jefe de Policía estaba dialogando con los dirigentes de ADEOMT.
La verdad que la fuerza de choque impresionaba (no los contamos pero había unos 30 efectivos, aproximadamente)
Lo extraño que mencionamos, es que la Dra. Susana do Santos no avisó a la policía que había un preacuerdo de entrega de las instalaciones y establecer, como ya dijimos, una mesa de diálogo. Este hecho fue confirmado por el Jefe de Policía a nuestro medio.
El Jefe de Policía, Inspector Principal (Retirado) Francisco Pejo, en la puerta del corralón de la Intendencia, habló con Acción Informativa y reconoció que no le habían avisado que había un arreglo:
Acción Informativa: ¿Cuál es la norma para la Policía en estos casos?
Francisco Pejo: Ante la ocupación de una oficina pública, como en este caso, hay un decreto del 2 de diciembre del año pasado que establece las medidas que tiene que tomar el Ministerio de Trabajo y el Ministerio del Interior. Se cumplió la primera parte pues intervino el Ministerio de Trabajo, y una vez agotada, nos pide la intervención y nosotros tenemos que desalojar. La norma habla de desalojo compulsivo, pero nosotros tratamos de hacer una instancia previa, de diálogo, para encontrar una salida de la mejor forma posible. Teníamos estipulado para este caso en especial tres momentos de la actuación, de menor a mayor. Resolvimos la primera, bueno… resolvieron ellos, porque cuando llegamos aquí ya habían tomado la medida de hacer entrega de la Intendencia, y lo están cumpliendo con el requisito de la escribana, para manejar que esté todo en orden.
Acción Informativa: Ellos ya habían tenido un arreglo antes que ustedes llegaran… iban a levantar la medida y tener una mesa de diálogo a las 15.30 de esta tarde… ¿Aún así era necesario traer toda esta fuerza policial?
Francisco Pejo: Bueno, si llegaron a un arreglo, yo no lo tenía. Lo único que teníamos era el pedido del Ministerio de Trabajo, y no teníamos absolutamente nada de arreglos. Me entero cuando llego acá y tengo el primer acercamiento con ellos, y me dicen que habían depuesto la actitud… pero cuando estoy acá me enteré. Naturalmente habíamos tomado las previsiones naturales de las medidas que íbamos a tomar.
Finalmente el sindicato entregó la Intendencia a las autoridades, luego que una escribana pública hubiera revisado el edificio.
En Acción Informativa pensamos en los 140 puestos de trabajo que puso el Dr. Julio Cardozo en forma anticonstitucional antes unos meses antes de las elecciones, y en los 3 millones de dólares que gastó en obras Wilson Ezquerra en el año preelectoral para ganar votos. Todo a costillas de los pobres municipales.

Nº 296


SOMBRAS Y RENCORES
por MAOP
Tacuarembó era una taza de luces en medio de la noche… así la vi desde el volante del pandita, por la ruta 5, cuando en la madrugada del domingo volvíamos de la casa de unos amigos. Con nosotros regresaba a la ciudad otro amigo que había participado de la misma cena y de la misma extensa charla… Cada uno de nosotros, Ana María, nuestro pasajero y yo, sentíamos aún la congoja de lo conversado a pesar del regocijo que produce haber compartido un rato largo de afectos… “Hace años que no trasnochaba tanto”, nos dijo nuestro amigo… “nosotros tampoco”, pensé. La ruta 5 estaba sola.
Quien nos recibió es dueño de una casa en una chacra hacia el lado de Rivera, hombre mundano y gran anfitrión. Nos dijo: “ya no soporto el odio que hay en Tacuarembó…” y luego agregó: “cuando vamos yendo hacia la ciudad, sentimos que nos vamos acercando al odio de la gente, al rencor, a los resentimientos que se tienen las personas entre sí…”
Ninguno de los que estábamos, ni el anfitrión y su señora, o nosotros, somos eruditos como para evaluar la certidumbre de los dichos, solamente nos encontramos con una sensación difusa, dolorosa. Quizás por eso, al ver la ciudad dormida a las 4 de la mañana, desde la ruta sentí un estremecimiento. A mis ojos Tacuarembó se había convertido en un pozo oscuro con puntos de luz que parecían moverse, como si hubiera un monstruo dormido, extendido a lo largo.
Escribo esta nota porque el domingo en la mañana recibí a otro amigo en mi casa, y hablamos de lo mismo. Yo estaba semidormido, pues nos habíamos acostado como a las 5 de la mañana debido a la cena y charla que conté previamente, y mi amigo fue puntual, a las 9.
Mi visita dominguera vive en otra chacra, al costado de la ruta 5, pero hacia el lado de Montevideo. Mateando, en la mesa de mi casa, entre mis colores, hojas y dibujos (él venía a llevarse uno de ellos), en medio de la charla me dijo: “yo no sé qué pasa con Tacuarembó, pero percibo odio entre la gente”, y agregó algo así: “cuando me acerco a la ciudad me voy preocupando por lo que me voy a encontrar”.
Yo no pude menos que expresar mi asombro, porque en cuestión de pocas horas dos personas absolutamente desconocidas entre sí, de solvencia cultural y moral ambas, que viven por ruta 5 en chacras no muy pretenciosas pero tranquilas, manifestaron, y no casualmente, una sensación de percibir odios en nuestra sociedad.
Uno quisiera imaginar cuál sería el principio de todo esto, si fuera así, pero no es una tarea fácil ni para la cual estoy debidamente preparado. Sin embargo puedo observar lo que sucede en diferentes frentes por donde se mueve nuestra gente, y puedo recordarle al lector algunas cuestiones que alimentaron nuestros inicios como sociedad, que seguramente marcaron nuestro presente.
Si nos remontamos en la historia nos encontraremos con un personaje de truculenta historia, asesino despiadado que llegó a General y pudo haber sido Presidente de la República, el Goyo Jeta, José Gregorio Suárez, del que se cuentan historias tremendas cuando gobernó Tacuarembó. Fue fundador de San Gregorio en 1852, y jefe político colorado de nuestro departamento en 1854, participó de hechos como el asesinato del pueblo paraguayo en la Guerra de la Triple Alianza, en el sitio de Paysandú y el fusilamiento de Leandro Gómez, y según cuenta la familia de Venancio Flores, en el mismísimo asesinato de éste, quien fuera Presidente de la República. Este personaje, en la época que vivió en Tacuarembó, impartió justicia por mano propia, cubierta por el silencio del terror y del olvido forzado. Nuestro departamento hizo un voto de silencio para salvar el pellejo, de un tirano que despenaba gente impunemente.
Otro personaje, ya demasiado mentado, fue el Coronel Escayola, con una historia de silencio que no vamos a abundar en esta editorial, pero participó de la triste Guerra de la Triple Alianza también, fue jefe político de Tacuarembó, dueño del pueblo, asesino, tuvo un medio centenar de hijos naturales, y cuenta hasta con la muerte de sus propias mujeres, de su propia familia, y provocó otro forzado silencio que duró hasta hace poco tiempo.
Me agrega Ana María, y con razón, que hasta los descendientes de los charrúas tienen miedo a reconocerse como tales, tal vez porque Bernabé Rivera, el genocida, fue uno de los fundadores de Tacuarembó y los perseguía con sus secuaces para asesinarlos.
Pero viniendo más acá en la historia, cada muerte a lo largo del siglo XX cuya tumba fue el Tacuarembó Chico, en Paso del Bote, en el Puente Colorado o en el Parque Batlle, provocan silencios tras silencios. Nosotros podemos nombrar  varios asesinatos simbolizados por el de Víctor Hugo sin resolver jamás, del que sus sicarios y asesinos rondan aún nuestra ciudad, con testigos que bajan la cabeza y temen por sus vidas.
Muertes escalofriantes, calladas, silenciadas, como la de un joven preso que murió violentamente en una salida transitoria, apareciendo luego en el Tacuarembó Chico, cuando estaba a punto de salir en libertad y se iba a llevar con él a la hija de un empresario local.
En Tacuarembó no es costumbre investigar casos que están contra el poder instituido, ni contra poderosos. Es más fácil condenar a un desgraciado que ha robado alguna oveja, o un pasacasetes, o a un porrero que lo encuentran con algunos pocos gramos de marihuana en algún infructuoso viaje a Rivera, o con alguna maceta con cannabis.
Son conocidas las luchas internas en la policía entre bandos que pugnan por el poder dentro del instituto local, quizás para estar al frente con la mano extendida para recibir los favores de empresarios corruptos, y muy pocos (que por suerte quedan algunos) para preservar la decencia.
Seguramente los odios se alimentan en la lucha por el poder, nacidos de las disputas políticas. Pero también en el uso del poder político para negocios ilícitos, y la consecuente tarea de acallar al que algo sabe.
No hay partido político de Tacuarembó que pueda decir que no tiene rencores internos, y no hay sector de nuestra sociedad que pueda decir que el silencio impuesto no ha alimentado odios clandestinos.
En todos los campos hay héroes que tienen pasados tenebrosos, y en nuestro pueblo cortan cintas gente que ha tomado el poder como herramienta para engrosar su erario.
Existe un pueblo que observa y no se mete. Gente mansa que toma mate en la puerta de su casa, hombres y mujeres de la cultura que piensan y que finalmente se van, personas que no consiguen acomodo y luchan contra un poder oculto, que mueve hilos invisibles. Gente buena que al final vive para sí, y claudica en luchas solitarias e infructuosas.
En tanto los caballeros poderosos se aúnan en la oscuridad defendiendo sus propios intereses, sus logros económicos y sus privilegios, en el pueblo el silencio, el miedo y la complicidad, han creado un clima donde la cultura ha decrecido, los valores ciudadanos se van perdiendo, en la medida que los líderes le ponen precio a la vida y al silencio.
El Goyo Jeta, el coronel Escayola, los asesinatos de Paso del Bote, el asesinato de Víctor Hugo, componen un Tacuarembó cual si fuera una casa llena de fantasmas, de gente asesinada en la misma casa.
Como herencia maldita, los gritos de los muertos por el Goyo Jeta degollados a mansalva en Paso del Bote, aún resuenan por las calles de nuestro pueblo, mal acostumbrando a la gente a respetar demasiado a los caudillos corruptos, a la prepotencia, y a la imposibilidad de enfrentar el poder que somete.