Bienvenida

Bienvenidos!

Bienvenidos al blog del Semanario LaOtraVoz de Tacuarembó (ex Acción Informativa).


"somos la otra voz"

gracias por visitarnos

miércoles, 26 de enero de 2011

Nº 291

OTRA VÍCTIMA DE LAS PICADAS
Una picada de motos en la avenida Héctor Gutiérrez Ruiz, calle que une a la ciudad de Tacuarembó con el balneario Iporá culminó con la muerte de un motociclista en Tacuarembó. Se trataba de un joven de 19 años que,  asistido por la emergencia móvil, al llegar al hospital se constató su fallecimiento. Esto pasó la madrugada del sábado 15, a apenas 12 días del hecho anterior, otra picada en la ruta 5 en la que murieron otros dos jóvenes en un choque frontal de motocicletas.
Todos los artículos, informes policiales, crónicas radiales, periodistas que hablan sobre este tema, los califican como “accidentes”, a mi sinceramente me cuesta encontrarle un calificativo a estos hechos terribles, me recuerdan a la ruleta rusa que practicaba Christopher Walken en algún antro de Saigón, que vimos en la tan criticada película de Michael Cimino “El francotirador”, ganadora del Oscar en 1978.
Ahora yo me pregunto: ¿Quién va a parar esto? Digo yo ¿Seriamente, a alguien le interesa esto? ¿Alguien ha tomado el tema con la seriedad que merece? ¿Hay un aborde sociológico o psicológico del tema? ¿Hay un intento de entender las razones por las que ocurre? ¿Alguien se ha puesto a pensar qué pasa por la cabeza de estos jóvenes que salen a jugar esta especie de ruleta rusa montados en una motocicleta, mientras uno de los jinetes del Apocalipsis ronda por allí?
Desde el punto de vista estadístico quizá los números no sean importantes, pero no es esta la cuestión, no podemos quedarnos en el simplismo de escuchar que son una manga de locos que inventaron esto para matarse, o que son nenitos de papá que, aburridos de la vida, deciden jugar con una arma cargada.
No son monos con revólver, son gente, igual que usted y yo, y están queriendo decirnos algo, algo que no entendemos, o no nos hemos puesto a pensar, porque lo que no se entiende, es preferible resumirlo en un par de palabras que descalifican y no explican nada; y cuando, de algún modo, empiece a  perjudicar desde el punto de vista político, entonces vamos a tratar de reprimir, como única solución.
Por ahora es un clavo ardiendo del que nadie se quiere prender, salvo algún mediador como Osorio que ha intentado acercarse a los jóvenes (con las mejores intenciones, no tenemos por qué pensar otra cosa) y encauzar de alguna manera, esta especie de furia rebelde y autodestructiva que los ha ganado, pero creo yo, sin entender que la solución no va por ahí, es imposible encauzar un impulso tan primario como la muerte violenta, creo que hay que tratar de entenderlo, pensar primero que es lo que estamos haciendo mal nosotros, como sociedad y como individuos, para que este grupo de muchachos de una respuesta tan brutal.
El fenómeno de las picadas no es autóctono de Tacuarembó, se hacen en todo el país, en Sudamérica y por supuesto en Norteamérica. Recordamos a “Rebelde sin causa” una de las tres películas que hizo James Dean, ambientada en los años 50, allí había picadas, pandillas, y todo tipo de conductas agresivas y autodestructivas, que no apuntaban a nada, a ninguna parte que no fuese la violencia misma, agotándose en sí misma, cosechando víctimas a cada paso.
Yo insisto con la teoría de que este es un fenómeno emergente de la sociedad capitalista, del consumismo furioso que nos ha ganado, más allá de un gobierno que se autodenomina de izquierda, y al que, para muchos de nosotros, le queda sólo el nombre.
En EEUU en los 50 pasó algo parecido, la explosión económica de Norteamérica después de ganar la segunda guerra mundial. Sin sufrir daño en su infraestructura de producción dió lugar a una sociedad consumista e indiferente, y la juventud, y los intelectuales, dieron muchas respuestas, los beatniks, los hippies, los hell angels; y también una juventud inconsciente, con impulsos primarios, perdida, autodestructiva, sin norte alguno, que también corría picadas y coqueteaba constantemente con la muerte.
Como ya se habrán dado cuenta lo último que quiero (al menos en este artículo) es personalizar culpables, y mucho menos demonizar a los jóvenes que en realidad son las víctimas en esto, víctimas de una sociedad que usted, amigo lector, y yo por supuesto, ayudamos a construir.
Quizá un acercamiento a esta extraña cofradía nos esclarezca un poco el panorama. Estos jóvenes, hay quienes dicen que son más de 400 o 500 los que giran alrededor del fenómeno, forman una especie de organización dentro y en contra de la sociedad, al menos en contra de la autoridad, de los límites de convivencia, de los usos y costumbres socialmente deseables. Tienen sus propios códigos que recuerdan, y quizá esté exagerando, a una legión, a una especie de guerrilla urbana.
Cuando ocurrió, el 3 de enero, la primera picada fatal de este año los muchachos que chocaron entre sí quedaron tirados en la ruta con sus motos. Sus compañeros se desbandaron de inmediato. La barra de amigos dejaron a sus compañeros tirados arriba de la ruta, sin saber si estaban vivos o muertos, y se fueron, se fugaron. Después fueron arrollados por autos que no los vieron, y uno de ellos avisó a la policía. No vamos a abundar en detalles truculentos, ya se ha hecho bastante y es espantoso, pero la ruta 5 esa noche recordaba un campo donde se libró una batalla, una acción de guerra.
El abandono que acotábamos al principio, va contra todo lo que creemos, la solidaridad, la asistencia al herido, el tratar de ayudar, estos muchachos sin embargo tienen muy claro que si pasa algo, si hay un choque, si alguien cae en este juego de muerte, debían irse inmediatamente y no dar nombres, ésta parece ser una regla de hierro que todos, más que acatar, sostienen y creen en ella a rajatabla. Nada sale del círculo de los iniciados, el resto de la sociedad parece ser el enemigo, y ellos, a su manera, están librando su propia guerra.
Algo nos están diciendo aun sin saberlo ¿será que la solidaridad, la ayuda, la asistencia al hermano en desgracia, la filantropía, son realmente los valores por los que se mueve el resto de la sociedad? o ésta es una postura hipócrita, que esconde intereses mezquinos y detestables, como el propio beneficio, como la indiferencia frente al sufrimiento del otro, como una filosofía entre new age y de libro de autoayuda que cada vez nos vuelve más egoístas, como defendemos con palabrería falsa, grandes intereses económicos o nuestra pequeña parcela pequeñoburgués.
 Estos muchachos funcionan como una hermandad,  con sus propios códigos de los que no se apartan un ápice, como negar siempre y ante quién sea su participación en estas prácticas; además hacen trabajos que me atrevería a llamar de inteligencia, como por ejemplo mandar mensajes a la policía y al propio Osorio, denunciando que se va ha hacer una picada en la ruta 26, cuando en realidad se hace en la ruta 5. Tratan a través de esto y maniobras parecidas confundir a los inspectores y a la policía que, es bueno aclararlo, parece cada vez más confundida; los hechos me están dando la razón.
Al día siguiente de la muerte de los dos primeros muchachos, se realizó una picada a oscuras, en honor a los dos caídos, todos juntos, en el lugar que cayeron. Como especie de ritual, de homenaje póstumo, como si fuesen héroes, en una batalla, o en una lucha si quieren, que nosotros no entendemos, y quizá ellos tampoco, pero que de algún modo intuyen, casi como una cuestión de fe.
De buena fuente sabemos que hay dinero en esto, cuando se mataron los muchachos de la ruta 5, nos llegó la información de que había unos 45.000 pesos en apuestas de gente de fuera, que no participa directamente en las picadas pero que juega por fuera, como en las peleas de gallos de riña u otras prácticas donde siempre la sangre y muchas veces la muerte está presente, sólo que aquí se trata de seres humanos, de gente joven que, y yo insisto con esto, no lo hacen en forma gratuita o banal, acá hay un fenómeno sociológico que nos compete a todos, lo peor que podemos hacer es reprimirlo en forma brutal o mirarlo por encima del hombro.
Estos jóvenes de las picadas, que juegan con la muerte constantemente, no estarán prefigurando una sociedad futura donde toda la superestructura de pensamiento hipócrita en su mayor parte esconde una infraestructura de mezquindad, de egoísmo, de “sálvese quien pueda”, de exitismo, de indiferencia, de ganadores y perdedores, y el que pierde se jode. La brutal honestidad de estos muchachos no estará por un lado, denunciando este doble discurso, aún sin saberlo, y por otro anticipando una organización social donde imperen las reglas que ellos detentan y respetan, sin necesidad de discursos hipócritas.
Yo sigo preguntando, y si algún valor tienen estos artículos radica en esto, ¿quién va a parar esto? ¿quién va hacer un estudio serio del tema? ¿quién se va a ocupar realmente de esta cuestión? Quizá esta no sea la solución, quizá el fenómeno es tan complejo que necesite mucho tiempo y un cambio social (al menos de momento) casi imposible; pero sería un comienzo, y como en todo, principio tienen las cosas.
William Soboredo