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sábado, 17 de diciembre de 2011

Nº 331

Editorial
Pequeños Artistas
Por MAOP
La maestra directora de la Escuela 146 del Barrio López, Karina Jauregui, vino un día por mi casa a preguntar si podíamos ayudar a su escuela a imprimir un periódico que recordara a la revolución iniciada por José Artigas, en su bicentenario (1811-2011).
Me explicó que se trataba de una iniciativa escolar, y que se habían hecho responsables sus dos maestras de quinto: Elizabeth Rodríguez Madera (5ºA) y Sonia Fernández (5ºB). Me comentó que los niños, alumnos de estas maestras, estaban preparando los textos, reportajes ficticios a Artigas y noticias como si fueran dadas en su época.
En realidad la directora Jauregui estaba muy preocupada, y tanto trabajo hecho con los niños podría ir “al tacho”, pues no encontraba salida. En otros lugares que estuvo en busca de apoyo, no había tenido éxito.
No dudé. Acepté y le propuse que los niños hicieran dibujos para acompañar las notas de sus compañeros, y me ofrecí para concurrir a la escuela a darles una mano con los dibujos.
Es así que fui los miércoles a juntarme con el equipo de niños dibujantes, miércoles que fueron estupendos. Para quien no ha tenido demasiada  práctica en la docencia y de pronto sale de su soledad creativa para enfrentarse a una docena de niños con ganas de dibujar, provoca un desafío vital y renovador.
Los niños unieron al trabajo histórico y periodístico de sus compañeros, un notable trabajo artístico, ilustrando cada nota con dibujos desde su niñez, llenos de originalidad y entusiasmo.
Un taller de dibujo artístico que tengo en el Hongo, que lo he venido desarrollando durante todo el año, más estos miércoles lleno de niños dibujando, me han hecho pensar sobre quiénes podrán ayudar a estos chiquilines a comprender que muchos de ellos han estado haciendo arte, y que, si lograran desarrollar sus aptitudes, podrían ser nuestros artistas plásticos del futuro.
En la escuela conocí a Deyna Machado y Luis Palacio, dos niños de quinto, que dibujaron entre otros con notable entusiasmo, y que quizás ellos no lo sepan aún, pero son artistas potenciales. Y como sé que es posible que nadie se los diga, he resuelto escribir sus nombres en esta nota, y decírselos de esta forma.
La Escuela 146 realizó un brillante periódico sobre la revolución de 1811, con una visión sobre Artigas que me inspiró a ayudarlos con entusiasmo, sin embargo debo hacer algunos comentarios, y prefiero eximir de ellos a la propia escuela y a su directora.

A esta altura de mi vida estoy convencido que en nuestra sociedad no existe interés en descubrir a estos niños, ni ayudarlos, ni hacerlos sentirse artistas. A muchos de ellos la vida les pasará por encima, y al convertirse en hombres o mujeres, es posible que deban convivir con una terrible contradicción. Es que tener un talento dormido en el interior es cruel.
Hoy Tacuarembó aplasta a estos niños y jóvenes con eventos turísticos culturales que nadie comprende, pero que desarrolla un exhibicionismo enfermizo en sus organizadores, haciéndoles creer que son una especie de mecenas culturales.
Para nuestros dirigentes locales, la cultura es un elemento paralelo a sus intereses que en algún momento habrá que atender. Para el ex intendente y consejero de Estado, amigo de dictadores, Norberto Bernachín, la cultura era un negocio. Para el actual director de cultura, es una oportunidad. Para Ezquerra: un misterio.
En un pueblo como Tacuarembó, en el que la dirección de cultura se preocupó más por llenar un programa espectacular en el papel que poner gente en las salas para una supuesta feria del libro, la cultura no es más que “actividades culturales” que hay que hacer.
Para quienes entienden solamente la cultura de los votos y del dinero y el poder, el desarrollo humano intangible es una cuestión vana, prácticamente despreciable.
Claro que no comprenden que estar al lado de un niño artista es tocar el amor con las manos, es creer en la vida y sentir que el poder está en una especie de luz que se desarrolla en la imaginación. Ni por asomo comprenden que la inteligencia, la ética, el amor, tienen que ver con una cuestión intocada y maravillosa, que es la creación artística, entre otras cosas dignas.
Benedetto Croce (1866-1952) decía que el arte era intuición, y que el que observa una obra “mira por la cerradura que aquél (el artista) le ha abierto…”
Para un niño, para un joven, para un artista, abrir una cerradura a los demás es abrir un pedazo de su pecho para mirar el alma fuerte del creador, para estar juntos y acompañarse en el camino.
Alguien decía que el artista es el que mejor comprende el dolor humano, y los desamparados caminan junto a ellos de la mano. Es posible.
En la medida que la sociedad fue creando la cultura mercantilista durante los siglos XIX y XX, los artistas fueron realizando sus búsquedas para mitigar el dolor del desamparo que provocaba la crueldad del interés económico de los señores del poder, por encima de las necesidades básicas de las personas. Durante el estupendo siglo XX, se sucedieron diferentes manifestaciones artísticas, como el fauvismo (de las fieras), el expresionismo  (que indica que todo arte es expresivo y conmueve mediante gestos plásticos), el cubismo (recordar a Picasso), el dadaísmo, el surrealismo (junto con el cubismo, quizás de las expresiones más importantes del siglo XX), el expresionismo abstracto, el pop art, el minimalismo (que acercó el arte a la razón), el arte conceptual (recordar a Marcel Duchamp), entre otras manifestaciones.
En cada búsqueda, los artistas se enfrentaban a las estructuras de poder y a la banalidad, en todos los campos. En la literatura Kafka hablaba de Gregorio Samsa convertido en un insecto, Onetti paseaba sus personajes de submundo en Santa María, la ciudad de su imaginación, y en la plástica, Jakson Pollock tiraba pintura encima de enormes blancos y Edvard Munch pintó “El grito”(1893), reflejando esa angustia existencial provocada por las concentraciones urbanas, y la expansión del capitalismo.
El arte crea un espacio alternativo para luego incluirlo en la vida real. La imaginación es un privilegio de la humanidad, y su desarrollo y motivación, ha provocado que el hombre, en el correr de los tiempos, haya ido reconociéndose, en sí mismo, o en otros.
La bestialidad ha cercenado el crecimiento de muchos solitarios artistas en todas las sociedades, sin embargo, sin saber cómo, siempre terminan apareciendo. Son como flores que brotan, solas, que sueltan su aroma e impregnan.

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