Bienvenida

Bienvenidos!

Bienvenidos al blog del Semanario LaOtraVoz de Tacuarembó (ex Acción Informativa).


"somos la otra voz"

gracias por visitarnos

martes, 1 de noviembre de 2011

Nº 328

Editorial:
El guiso, el trabajo y los commodities

Por MAOP
La mujer hizo el guiso con lo que le quedaba, luego lo repartió con un poco más de agua que de costumbre y los ojos de los hijos y nietos miraron con hambre vieja los cucharones flacos. Luego la nuera le ayudó en la lavada, con jabón seco y ruidos de música, ollas y cubiertos.
Más tarde conversaron sobre el aumento del precio de las cosas, y especularon con la posibilidad de trabajo de sus maridos, y concluyeron que seguramente deberían volver a trabajar de domésticas.
Para ellas, sus maridos están parados en el trabajo. Nada más. En la radio un sindicalista comentó sobre los commodities y una “tal” burbuja inmobiliaria, pero la mujer no supo de qué estaba hablando. Sólo sabe que su marido y su hijo están en el seguro y que el dinero no alcanza para toda la familia, y que los hombres comentaron que quizás no vuelvan al trabajo.
En la radio dicen que la población mundial llegará a los 7.000 mil millones de personas el próximo 31 de octubre, y la cifra le resulta inasimilable. No se anima a repetirla, y se olvida pronto.

Solas, en su casa, las mujeres no saben por qué los precios aumentan, y mucho menos que los alimentos se han convertido en una mercancía que la regulan valores internacionales, y que el trabajo de sus hombres dependen de determinados movimientos, circunstanciales o coyunturales, en el mundo.
La radio no habla de esas cosas, hablan de fiestas y cuestiones políticas del momento, pero de nada más. Es posible que en las radios tampoco comprendan qué sucede realmente.

La mujer, abuela no tan vieja, mira por sus nietos. Comprende que está difícil para estudiar, y que los hijos no pudieron hacerlo y deben trabajar en lo que puedan. Pero los nietos… que no son grandes estudiantes, y que el mayor ya está dando trabajo.
La nuera mira el teleteatro de la tarde con su suegra, en tanto los niños llegan de la escuela. El grande se levantó hace un rato y no quiere hacer nada, está malhumorado en una silla y protesta por todo. La abuela saca una moneda para complacerlo, el gurí agarra y no agradece.
No hay café, los niños deberán tomar leche con un producto parecido al chocolate. Lejos, en el mundo que se mueve, quizás en la Bolsa de Cereales de Tokio, el precio de los commodities del café ha sufrido una suba, y habrá desencadenado que en cada almacén el precio se fuera a las nubes. La mujer, lo único que comprende, es que no lo puede comprar.
Los commodities son los bienes producidos masivamente por el hombre y que están en la naturaleza, que tienen determinados valores globales y no tienen demasiada diferenciación en su producción, o especializaciones.
Cuando el sindicalista dijo que “bajan los commodities” o “suben”, significa que el precio de algo que se produce baja o sube globalmente (en todo el mundo, a la vez). Si hablamos de elementos tan masivos como la madera, los coletazos pueden llegar violentamente a los pueblos más alejados de donde se mueve el gran mercado internacional, y destrozar la economía de una ciudad, por más alejada que esté del gran mercado mundial, sin que ésta se lo pueda explicar.
En Uruguay los principales commodities son la carne, los lácteos, la lana, la madera y los granos. Todos ellos fluctúan según el mercado internacional. Pronto podrían existir otros importantes, dependiendo de los negocios extractivos de nuestro suelo, como el petróleo, determinados minerales, etc.
En las bolsas internacionales se juegan los precios del mundo. En la Bolsa Mercantil de Nueva York, que es la bolsa de contratos de activos físicos más grande del mundo. O en la Bolsa de Metales de Londres, en la que se maneja el mayor mercado del mundo en opciones y contratos a futuro de metales no ferrosos. O en la Bolsa de Commodities de Tokio, Japón, que opera mercados de productos básicos tales como metales preciosos, caucho, aluminio y petróleo. O en la Bolsa de Cereales de Tokio, Japón, que especula con productos agrícolas tales como la soja, maíz, café, y productos del azúcar, refinada y cruda. O la Bolsa de Chicago, que también negocia con la mayoría de commodities agrícolas tales como soja, trigo, maíz y ganado, entre otros. Hay mucho más…
En el mundo, las multinacionales manejan negocios globales y sus cifras crecen, en la medida que buscan lugares aptos para la producción, en detrimento de los países más pobres, pero con bienes de producción, que se resquebrajan acomodando sus políticas internas, firmando tratados internacionales, atándose indefinidamente a las empresas que manejan los hilos del mundo.
En los últimos años el precio de la carne vacuna en el mundo se ha triplicado, y la FAO espera que para el 2050, sea un producto de lujo.
La poca carne picada que la mujer pudo meter en el guiso, es posible que sus nietos no puedan hacerlo cuando tengan 40 años.
Los presidentes de los países más desarrollados hablan de la ola de hambre, y hacen discursos todos los años, desde hace años, pero ninguno cambia nada, porque nada pueden hacer. Los presidentes de los grandes países terminan siendo funcionarios de las grandes empresas internacionales. Frente a esto, hoy que estamos llegando a los 7mil millones de personas, más de mil millones están expuestos a la muerte por no comer suficientemente.
Los alimentos del mundo ya no le pertenecen a la humanidad, sino a las empresas que lo producen, y sus precios en el mercado fluctúan, sujetos a los movimientos especulativos de las grandes organizaciones internacionales.
Las variaciones de precios en el mundo involucran al trabajo de los hombres y mujeres del mundo entero. Unos puntos que baja en la Bolsa la madera, deja sin trabajo a miles de trabajadores, en cualquier parte del mundo. El commodity de la madera debe medirse globalmente, no hay precios diferenciados. El de los alimentos también.
Las organizaciones ecologistas, los indígenas, los sindicatos, grupos sociales, algunos grupos políticos en el mundo, los grupos de indignados, reclaman que los alimentos no sean considerados mercancías, sino que sean un derecho humano, así como el agua, el aire, o la tierra.
Sin embargo, todo ha dejado de pertenecerle al hombre, ya nadie es dueño de su destino. Las grandes corporaciones manejan los precios, la producción, el trabajo, el consumo, el hambre, la educación, el futuro…
Los números globales no llegan a la casa de la mujer-abuela y su nuera, no conviven con ellos, no los comprenden. No entienden por qué sus maridos no trabajarán regularmente, ni que al mercado internacional no le interesa que sus niños estudien. Tampoco comprenden, que con sus familias están en uno de los últimos escalones de las estadísticas, y que ellas mismas son los números.

No hay comentarios:

Publicar un comentario