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viernes, 30 de septiembre de 2011

Nº 324

Editorial:
José Barsabás Goncalvez
“El Chumingo”
Los partidos de fútbol de campito, en el barro o bajo lluvia o bajo un sol intenso de verano, pertenecen a mis mejores recuerdos de muchacho. Mis amigos disimulaban “lo tronco” que fui, en esa cuestión mágica de barra que se perdona todo, incluso al elegir para el cuadro a alguien que les podría aportar alguna patada en “las canillas”, o “un trancazo” de novela.
Con 14 o 15 años aquellos “gurises” éramos eso: viento, tierra, luz, sudor, ímpetu.
Al Chumingo lo conocí allí, flaco y fibroso, fuerte y rápido. En el medio del campo o de defensa, barriendo. En aquellos partidos de fútbol de barrio, mandaba. Tiraba pelotazos para que los mellizos Juliani, Carlos y Ruben, distribuyeran la “bol”, o para que el Chiquito Soboredo se escapara por la punta midiendo el centro, o para que Venancio Lima concretara los goles, o para que Luis Fros (aquel amigo que también no está), la parara y pensara. Yo corría y marcaba la punta, o me adelantaba junto a él, seguro porque el Chumingo me respaldaba. Y nombro a algunos de los tantos que éramos.
En la laguna había una cancha marcada en la que jugábamos “casi siempre”, y la religión era una pelota de fútbol. Nuestro público: la mamá del Chumingo.
Ni a Víctor, ni a Luis… a ninguno de nosotros se le borraron esos recuerdos. Fueron épocas brillantes, de amigos de ingenuidades claras, de tiempos compartidos, amigos en serio.
Luego pasó la vida.
Una vez, no hace mucho, en lo de Víctor Gendelman nos juntamos algunos de la barra a comer un asado, ya padres de hijos grandes, abuelos algunos, y nos prometimos seguir juntándonos, porque lo que había sido 40 años atrás, aún seguía siéndolo.
Al Chumingo lo escuchábamos con Dante en Radio Zorrilla, o de paso, cada vez que cruzaba por 25 de Mayo en el negocio que trabajaba, entonces me gritaba -¡Nacho… ¿y el asado para cuándo?!... y nuestras circunstancias seguían mandando.
La semana pasada murió el Chumingo, perdón, el señor José Barsabás Goncalvez, y sus amigos intentamos estar con él. ¿Qué decir? En el cementerio hubo silencio y aplausos… de un montón de gente.
Hace dos días el flaco y el gordo Juliani, los mellizos, estuvieron en casa. Los aplausos a José aún sonaban con nosotros, y seguramente fueron el reconocimiento a una vida íntegra. Carlos y Ruben me decían, “poné que era un buen compañero, poné que era muy humilde, poné que era de confianza, poné que era intachable”…
Soboredo me escribió sobre José, lo siguiente: “Creo que el Chumingo era un tipo que superó su destino de transformarse en una especie de personaje de pueblo, para convertirse en un tipo bueno, conocido y querido por todo el mundo, un buen vecino, un laburante, en fin, un hombre de pueblo, sano, sencillo y sin dobleces, capaz de gritarte a una cuadra para simplemente saludarte aunque no te viera hace meses.”
En resumen, todos sentimos que la vida de José Barsabás Goncalvez fue un ejemplo.
A Fernanda, su señora, a sus dos hijos, nuestro saludo.
Miguel A. Olivera Prietto

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