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domingo, 31 de julio de 2011

Nº 316 - Nº 10 (Rivera)



Ediorial
Por MAOP
Uruguayos campeones…

De “Nebulosamente” de Alejandro Balbis

“…tus ojos inundarán lágrimas al caminar
y el recuerdo del ayer suena en este carrousel

no se podrá borrar de nuestra memoria
nunca terminará de sonar en el pensar
lo que vivimos antes de ser ahora
quiere sobrevivir

para vivir amándote con locura
en esta vida dura
lo bueno no dura más que un momento en este pasar
para dejar algo en este lugar…”


¿Dónde se encuentra nuestro país? ¿En qué esquina de bar, o cancha de fútbol, o libro de historia, o escuela de pueblo, o poema de Benedetti, o milonga del Bocha, está nuestro país?
Durante el siglo XIX ni siquiera fuimos, durante el siglo XX nos buscamos, y hoy, como resultado, somos apenas hijos abandonados de épocas de guerras, odios y fratricidios.
Quedamos huérfanos mirando el mar, huérfanos de historia latinoamericana, huérfanos.
Sabemos que nos han mentido y que los libros no cuentan los verdaderos hechos heroicos. En sus hojas las traiciones son alardes de partidos políticos de historias dudosas. Durante más de un siglo despenamos a nuestros hijos por los colores de sus banderas, y hordas de asesinos campeaban robando y violando detrás de oscuros caudillos. Venimos de esa historia confusa, que al decir de Henry Hudson, un inglés que recorrió nuestro país durante el siglo XIX, somos la “Tierra purpúrea”, porque nuestra tierra estuvo teñida de la sangre de los asesinados y traicionados.
Nacimos de intereses mercenarios e imperialistas. Lord Ponsomby, embajador inglés, en 1828 logró un acuerdo entre Brasil y Argentina y propuso la creación del Estado de Uruguay como solución a la guerra entre los dos gigantes latinoamericanos. Nacimos como país por acuerdos entre potencias, traicionando a Artigas. Elaboramos nuestra primera constitución dándole derechos a las clases dominantes, discriminando a los pobres, negros e indios. Nuestro primer acto de gobierno fue asesinar a nuestros indígenas, y luego fuimos a Paraguay a matar a nuestros hermanos, junto a Argentina y Brasil, y en la guerra de la triple alianza asesinamos una nación floreciente y próspera. Hemos matado a nuestros mejores, o los hemos obviado, o los enterramos en el olvido.
No tenemos gloria como país, no tenemos gloria en nuestro pasado, y hoy somos esa especie de hijo que salió bueno y quiere tener su propia historia que contar. Es que una patria mal parida da como resultado hijos tristes, sin pasado y sin gloria.
Durante el siglo XX nos rebelamos, y buscamos por los caminos de la inteligencia y la cultura mejores destinos. En ese siglo el pueblo en su conjunto tuvo actos heroicos, así como tuvimos hombres y mujeres ilustres que buscaron que nuestra gente tuviera mayor dignidad. Intentamos explicar a través de la expresión artística esa naciente uruguayez que creció tardíamente, y fuimos reconociéndonos a través de cuestiones extrañas a lo que se podría creer, como con el fútbol, la música y la literatura
Somos de apariencia triste, introvertidos, usamos ropas oscuras, pero construimos una temple dura, y desarrollamos un orgullo especial por la búsqueda de nuestra identidad. Somos todo eso, quizás.
Somos el resultado de épocas de vergüenzas, y nos hemos propuesto encontrar algo que nos defina mejor y que le de paz a nuestra conciencia colectiva.

El domingo 17 de julio pasado, la selección de fútbol uruguaya salió por 15ª vez, campeón de América. Al decir de su técnico, Oscar Tabárez, “no es lo más importante, pero sirve para que estemos juntos un día”.
Y creo que es así. Porque el pueblo uruguayo salió a festejar a las calles de cada villa o ciudad del Uruguay, que nosotros éramos, que nosotros figuramos, que tenemos esta historia nueva que contar, y que estos muchachos son parte de nuestra idiosincrasia. Estoy convencido que lo que festejamos el domingo fue nuestro autorreconocimiento.
Nuestra cultura es popular, y lo mejor de ella nació del pueblo. Allí canta Alejandro Balbis esforzando ese porte de macho de bar, cantor de murga de cabeza echada atrás, cantando como sin hacerlo… uruguayo. Como canta Fernando Cabrera, sin importarle más que su música, alguna tanguez, de poema metido en nuestra sangre… uruguayo. Y lo mismo que escribe el Bocha, en poemas de historias de ciudad chica, de fracasos de amor, de luchas de pueblo… uruguayo. Pero también hoy un joven llamado Luis Suárez se levanta de los golpes y hace una jugada maestra clavando un gol al mejor arquero del campeonato… bien uruguayo.
Creo en las conciencias colectivas, creo en la hermandad nacida de la emoción y la esperanza. Salimos el domingo a pasear sin gritar demasiado, pero salimos todos. Anduvimos mezclados entre gente desconocida que tenía nuestra misma alegría.

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