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miércoles, 27 de julio de 2011

Nº 314


Editorial

El frío…
Por MAOP
La muerte de un veterano de 69 años en su vivienda precaria de Durazno, por el frio, me hizo pensar en otros tiempos, en la vida que uno transcurrió, en las cosas que no se hablan y parecen no tener solución.
Ya van seis muertos contabilizados a través de los informes oficiales, pero de lo que nadie habla, o nadie sabe, es del frio que se soporta y no tiene solución, en hogares y trabajos, por donde anda siempre la gente pobre.
En mi antigua vida de vendedor por diferentes lugares del país, paré algunos días en el viejo hotel Onda de Paso de los Toros (cerrado hace años) donde me tocó en suerte compartir una rueda de charlas con dos trabajadores rurales: un tipo cuarentón, y otro, un viejo de edad indefinida.
Los hombres estaban en el hotel por el banco de seguros, enfermos de diferentes causas, y los dos tomaban mate sentados de piernas abiertas en taburetes cerca de una estufa. Era un invierno de frío insoportable. Al principio me veían como un tipo de ciudad que andaba en auto con mujer y portafolio, y les costó entrar en confianza. Sin embargo, al fin, ese día terminamos charlando de la gente y sus miserias. Esa mañana habría unos cuatro o cinco grados bajo cero, y fue el frío el disparador.
El viejo me contó de cuando él acompañaba en pleno invierno a su abuelo desde Paso de los Toros a San Gregorio, pasando por Achar, en carreta, y cómo picaneaba los bueyes día tras día, sufriendo las consecuencias del clima. Me hablaba de los años 20 del siglo pasado. Me contó, como cuentan los viejos, historias antiguas como si las hubieran vivido ayer, de cómo había que cuidar las bestias y darles de comer, de la mercadería que transportaban, y de su abuelo, un baqueano del Partido Colorado.
Yo le conté de cuando trabajaba en la tabacalera en el 87 y del ingeniero jefe que me prohibió hablar con la gente mandándome en soledad a Bonilla a surtir tractores y chupar frío, en las recordadas heladas de mayo y junio de aquel año, cuando debía romper el hielo con una hoja de sierra para poder ver los números de los medidores, y meter gasoil a los inmensos John Deere e International. Le conté de cómo soporté un frío que parecía atravesar los huesos hasta el alma, y cómo buscaban que yo dejara mis actividades sindicales. A mis veintipico de años, aún soportando temperaturas de diez grados bajo el cero en medio de la chacra a las seis de la mañana, creí, en presencia del viejo del hotel de Paso de los Toros, que mi historia no se comparaba con la de él, cuando me contaba lo que había pasado, acompañando de niño a su abuelo.
Sin embargo el viejo me miraba atentamente cuando le hablaba de los obreros, mis compañeros, que salían a romper el blanco inmenso de la helada de Bonilla. Salían como llegaban, mal alimentados, abrigados con lanas ralas, de pucho armado en los labios, sin creer que se podrían enfermar jamás. Entonces el viejo me contestó algo que jamás olvidé. Me dijo: “eso es lo que creen, pero el frío hace flaquear hasta al hombre más fuerte”, y agregó, “usted fíjese cómo esos hombres se enferman de los huesos y los pulmones cuando todavía son jóvenes”, y agregó, “encima mal alimentados”.

La Intendencia de Tacuarembó afirmó que hay 6 personas en nuestra ciudad que duermen a la intemperie, 2 en la catedral, 4 en la plaza de las Américas. Comentó el intendente departamental Ezquerra, en radio Zorrilla. Dijo que la Intendencia aportó ropa de abrigo, colchones y frazadas, pero que no pudo convencerlos de trasladarse a la Asociación Rural, donde podrían tener refugio y calor.
Desde nuestro semanario llamamos al MIDES de Tacuarembó, para preguntar qué órdenes tenían del Ministerio, para prevenirse de los fríos, sin embargo Zully Padilla me contestó que aún no tenían nada, pero que estaban coordinando acciones.
En estos días Mujica, el presidente, ordenó al MIDES que impida las muertes por frío, y se votó finalmente en el Parlamento una ley para que, en forma compulsiva, se evitara la muerte por hipotermia de quienes estaban en situación de calle.
Se entregan datos a la población de unas 600 personas en situación de calle en Montevideo, y cifras menores en el interior del país.
Sin embargo no se habla, por desconocimiento, indiferencia o conveniencia, de los miles y miles de personas que no pueden solucionar sus problemas de calefacción en sus casas humildes. Veteranos con jubilaciones de 4mil pesos, obreros de varios hijos con sueldos menguados, changadores de ingresos salteados, niños que andan vendiendo leña. El frío no solamente llega a esa gente que está en la calle en situaciones extremas, cuando el alcohol, la droga o la neurosis los ha arrastrado, sino que el frio nos llega a todos. Atraviesa las paredes de cartón de los asentamientos, atraviesa las ventanas de vidrios finos de las casas de pobres, cala en los huesos de la gente que no tiene cómo resguardarse de él. El frío enferma, degrada, y mata despacio, a muchos más de los que nos dicen los informativos.

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