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miércoles, 27 de julio de 2011

Nº 313

Editorial


A 38 años del Golpe de Estado
Los muchachos estaban poniendo miguelitos (grampas de alambre para pinchar neumáticos) en la calle para impedir que pasaran los ómnibus, pues estos al transitar por la avenida Rivera, debilitaban la movilización en protesta por la dictadura. Ellos estaban ocupando la Facultad de Veterinaria en el marco de la huelga general decretada por la CNT, contra el golpe de Estado del 27 de junio de ese año. Habían pasado ya 9 días del golpe, y la FEUU, la CNT, el FA y otros grupos, estaban en las calles reclamando por las libertades democráticas.
Los jóvenes vieron venirse a dos policías de civil y huyeron, pero al doblar por Pedro Bustamante, los  tipos hicieron fuego con sus armas. Ramón cayó, una bala le rompió el corazón. La bala entró por su espalda.
Roberto Ramón Peré era estudiante de la Facultad de Veterinaria, docente de Enseñanza Secundaria y militante de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU). Pertenecía al Partido Comunista, y jamás pudo esgrimir un arma pues un defecto físico se lo impedía. Fue asesinado.
Luego se supo, Tranquilino Machado, un alférez recién recibido, fue su asesino.
Ni el tiempo, ni el asesino, hoy coronel retirado que está preso, ni nada, le devolverán a Alicia Jaime y sus hijos la vida de Ramón, ni los años que no estuvieron juntos. Fue el primer muerto de la dictadura, luego hubo más.
Recuerdo un día que salíamos de Facultad de Odontología con Mario Rodríguez Capelli, que pasamos por la casa de Diego y Dardo, y que al salir nos interceptaron dos policías de campera negra, armados. Cómo olvidar cada calle que pasamos rumbo a la seccional 9ª, yo en el medio del asiento trasero de un vehículo con un revolver gatillado en la cabeza. Nos soltaron en la madrugada, en pleno invierno, luego que comprobaron que no teníamos antecedentes.
Recuerdo al gaucho Pacheco diciéndome en la pensión que si lo iban a buscar, que dijera que había ido a hacer un mandado, cuando en realidad se iba del país. Recuerdo el abrazo que nos dimos cuando se iba, y el abrazo que nos dimos cuando nos reencontramos, un montón de años después, en la calle 33, entre Ituzaingó y Sarandí.
Ni que hablar de mi gente, y los postergados, y los que no entendimos tanto porque éramos muy jóvenes, o los que se fueron, o los buscados, y los presos, o los muertos.
No hubo guerra, el golpe de Estado no fue un acontecimiento que sucediera porque el país estuviera en peligro, o porque había lucha armada. El golpe de Estado fue un asesinato, no solamente de Peré y todos los demás hasta Roslik, sino que fue un asesinato al amor, a la inteligencia, a la cultura, al futuro.
En las bases militares de Uruguay operaba Inteligencia de EE.UU., bases de la CIA, quienes orientaban a los jefes militares no sólo en las acciones a llevar a cabo para acallar al pueblo, sino también en las políticas nacionales.
El golpe de Estado uruguayo se dio en un momento estratégico para el Imperio, cuando se sucedieron golpes de Estado en casi todos los países de Latinoamérica, para imponer otra forma de dominación de nuestras economías, y de nuestros recursos naturales.
Uruguay pasó de tener una deuda de 500 millones de dólares al comienzo de la dictadura, a tener 6.000 millones de dólares al final de ella. Argentina multiplicó su deuda externa en 20 veces al final de su dictadura, Chile otro tanto, y así el resto.
Que quede bien claro entonces… la dictadura fue contra el pueblo y para imponer un sistema económico desfavorable a los nacionalismos nacientes y asesinados, favorable al imperio, a los militares que se enriquecieron bien pagados por sus servicios, a las empresas que se beneficiaron con los acontecimientos, que no les importó ni la muerte de Peré, ni las otras muertes, ni las torturas, ni los postergados, ni el gaucho y todos los demás que se fueron. La muerte y el horror fue sólo el costo de un gran negocio.

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