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sábado, 7 de mayo de 2011

Nº 305

EDITORIAL:

Teoría del chorreo
Por MAOP
Es indudable que las políticas neoliberales van ganando espacios en todos los países del mundo, y como no era de otra manera, en nuestro Uruguay.
Entiéndase por neoliberalismo aquellas políticas que le quitan protagonismo al Estado, y el liberalismo del mercado es considerado la mejor garantía para el desarrollo económico de los países.
Hace poco Danilo Astori, vicepresidente de nuestro país, explicó que la mejor forma de crecimiento es a través del chorreo económico. Es decir, que se llene la tina, y que cuando empiece a caer, solucione la pobreza y eleve los sueldos de los trabajadores.
El presidente José Mujica dijo hace un par de semanas que las empresas se tienen que enriquecer, que para eso están, y que el gobierno tiene que hacer leyes sociales para los que tienen menos.
Pero no queremos dejar pasar por alto estos comentarios, pues cuando Danilo Astori hace referencia al chorreo económico, hace directa alusión a la “Teoría del derrame (en inglés: Trickle-down effect)”, concepto acuñado en las décadas del 50 y 60 ante el crecimiento económico de las empresas y la interpretación que se debía llenar la pirámide para luego derramar hacia los pobres. La teoría del derrame no es ni más ni menos que la madre del neoliberalismo, por lo que se nos hace que Astori tuvo un “furcio” analítico, o simplemente un “lapsus”, al pretender que la “manga de burros” que somos los uruguayos, no entendamos estas cuestiones tan sutiles.
Y cuando hablamos de Mujica, simplemente nos remitimos a que, cuando fue a escuchar al PIT CNT en el acto del Primero de Mayo, a su término le pidieron que hiciera algún comentario, y lo primero que se le ocurrió decir era que estaba muy húmedo. Y de ahí se fue a cenar con 80 empresarios de primera línea del país, para festejar con ellos del Día de los Trabajadores.
- Tantos años peleándola… ¿para qué? – se preguntará algún frenteamplista de esos que aún conservan la idea de un Estado fuerte que controla la marcha de la economía, y que privilegia a los sectores más sumergidos.
Para los sucesivos programas de gobierno frenteamplistas, el “progresismo” significaba la humanización de la economía, la distribución de la riqueza, el control de los recursos, el respeto por la gente, etc.
Sin embargo, poner en manos de las empresas la regulación del mercado, como el precio de la carne por ejemplo, no significa otra cosa que el ciudadano uruguayo, que tanto esperó por cambios verdaderos, hoy tenga un modelo de país que no ha variado demasiado de los gobiernos blancos y colorados.
Y apostar a las empresas multinacionales como forma de “país productivo”, sin confiar en los propios uruguayos medios que pretenden tener iniciativas, es como no haber leído el manual que podrá estar escrito en diferentes continentes, que es por norma que una trasnacional no se afinca, sino que actúa succionando los recursos naturales y humanos, hasta dejar el destrozo, e irse a otro lugar.
Los trabajadores dicen que hay más trabajo, y es cierto que los salarios han aumentado algo. Sin embargo existen muchos trabajos de mala calidad, y el crecimiento del país no condice con el aumento de los salarios de la gente, y tampoco con los servicios que el Estado debe garantizarle al pueblo, según reza la Constitución de la República.
No solamente los trabajadores han luchado en este país por trabajo y sus condiciones, sino que, históricamente han bregado por pilares insoslayables, como la cultura, la educación, la vivienda, etc.
Sin embargo, y así como están las cosas con el modelo presente, los hijos de una clase social acomodada o alta acceden a colegios privados y tienen oportunidad de llegar bien preparados a niveles terciarios de educación, en cambio los hijos de los trabajadores deben soportar todo el caos de la enseñanza primaria y media, que no viven los cambios prometidos, con el resultado de que los hijos de los pobres acceden a títulos universitarios en niveles menores al 5% del total de titulados.
De esta forma, no solo por la cuestión económica, sino por la educación recibida, estos jóvenes de hoy tendrán una brecha social mucho más pronunciada en el futuro.
Una vez llegados al poder, los hombres y mujeres provenientes de las clases populares hoy también se convierten en “clase política”, y hacen un papel para el cual parecen ser convencidos por algún misterioso Maquiavelo, de que hacer discursos y gobernar son dos cosas antagónicas, y que la mejor forma de permanecer es tener contentos a los poderosos de siempre.
¿Qué país tendrán nuestros nietos con las políticas a las que estamos expuestos?

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