Bienvenida

Bienvenidos!

Bienvenidos al blog del Semanario LaOtraVoz de Tacuarembó (ex Acción Informativa).


"somos la otra voz"

gracias por visitarnos

sábado, 30 de abril de 2011

Nº 304

EDITORIAL:

1º de Mayo día de los trabajadores.
Por MAOP.
Las historias del primero de mayo y el día surgido de un hecho tan trágico como el de los mártires de Chicago en 1886, se repiten año tras año, como para horadar la coraza de quienes no quieren escuchar que los trabajadores son hombres o mujeres, cargados de sueños, familias y derechos.
No repetiremos la historia que en nuestro semanario hacemos cada semana, pero nos surgen algunas ideas al respecto, y queremos hablar sobre esa clase, que por algo se llama a sí misma, así.
Hubo hechos trágicos que nos hacen pensar en las conductas humanas y en una especie de orden que nos damos las sociedades, en la cual los distintos actores, consciente o inconscientemente, vamos tomando puestos a favor del conjunto. Me refiero a lo que escribí hace un tiempo, cuando los hechos tremendos de las minas de carbón de Colombia y sus muertos, que me hicieran pensar en esa condición que tienen los trabajadores de sustraerse al peligro y ser capaces de poner su vida en juego cada día, en cada jornada. Trabajadores que realizan tareas de producción que muchas veces ni comprenden cuál es el fin de su actividad, y mucho menos su imperceptible posición en la dura cadena que tiene que ver con el mercado y el capital financiero.
Está claro que no es precisamente así cuando hablamos de estructuras de trabajadores, como el PITCNT, quienes juegan un papel importante como fuerza organizada. Pero sí quisiera hablar sobre algún aspecto que ni siquiera aluden estas organizaciones, en aras a tener empleo remunerado.
Conversando con un periodista amigo, me decía que los trabajadores de Minas de Corrales prefieren el trabajo y darles de comer a sus hijos, que pensar demasiado en el cianuro y en los riesgos de salud que corren. Y en el pueblo, Minas de Corrales,  temen desaparecer si se va la empresa que explota las minas, y defienden su permanencia, así desvíe el arroyo Cuñapirú, o deprede y envenene toda la zona, o raje sus casas con las explosiones constantes.
Hablando con amigos forestales, muchos consideran que los árboles están y que eso les dará trabajo. Entonces sucede que hay un hombre en medio de un monte de eucaliptos que es desatendido en su seguridad, que limpia árboles, que trepa y baja, que aporta toda su integridad a duras tareas en pos del papel fino de Finlandia, o la presunción de New York… coqueterías a las que jamás tendrá acceso, pero para ello pone, más de una vez, un brazo amputado y una pensión de hambre.
Recuerdo al hombre de Treinta y Tres, entrevistado por la televisión, que banderilleaba a los aviones fumigadores, hasta el extremo de soportar el rociado de productos químicos encima de su rostro, al final de la rociada.  Cuando le hicieron la nota, el trabajador ya estaba deforme, y prácticamente emitía un sonido inteligible como voz. Murió poco después de su imagen en la televisión.
O los compañeros que tuve en la tabacalera, que creían que jamás les pasaría a ellos nada importante, que ellos estaban por encima de la vida y que la muerte era cosa de otros. Compañeros esplendorosos que tractoreaban los campos de tabaco con sus treintañeras vidas, pero que varios de ellos no pasaron los 60 años, muertos antes de cáncer pulmonar. Enfermedad que seguramente la mayoría de ellos no deben haber relacionado con su trabajo en la tabacalera, tantos años atrás, cuando ésta les estaba arrancando el gusto de ver crecer a sus nietos, junto a sus vidas.
Yo escribo cuentos, y pronto sacaré un libro que se llamará “dioses pobres”. Me inspiro en los años que conviví con trabajadores y desempleados, en mil actividades por las cuales deambulé por tantas ciudades y pueblos del Uruguay. En todos estos años, soy un veterano de cuero curtido, he aprendido a ver un denominador común en toda la clase trabajadora uruguaya. Ellos creen estar por encima de la muerte, sienten realmente que jamás les pasará algo malo, y se resisten a tomar medidas de seguridad. En la actividad rural, o en la construcción, o en la forestación, o en las minas, o en la papa, o en un frigorífico, o de espalda torcida frente a una computadora, o donde sea, cada obrero u obrera uruguayos, cada uno de nuestros trabajadores, sienten íntimamente que nadie les dirá realmente qué hacer en su trabajo, que no hay patrón suficientemente capaz de darles órdenes, y que ellos están por encima de todos los males. No sé por qué los uruguayos somos así, pero de una forma u otra, lo somos.
Íntimamente creo que nuestros trabajadores son como dioses pobres, que ni siquiera consideran ser mortales a la hora de morir, pues han estado siempre por encima del dolor, en situaciones de desesperanza. Allí han estado con su pucho y su mate, mirando siempre por su familia.
Es que cuando mueren, muchas veces no tan viejos, de huesos torcidos de los fríos del frigorífico, o de pulmones deshechos de venenos de plantaciones, han vendido demasiadas horas al sistema, horas que quedarán en la cuenta del silencio y del olvido.
El comportamiento de los trabajadores es de una profunda dignidad, pero como clase aún están en proceso de evolución, porque quizás consideren que deben trabajar a pesar de todo, como un mandato ancestral, a pesar del sacrificio extra que significa el abuso, los bajos salarios y la explotación y que son el sector de la sociedad que debe sacrificar su tiempo y su vida.
Pero es posible que la humanidad decantará mejores condiciones para vivir, y sus trabajadores comprendan también que deben protegerse de los males a las que están expuestos desde siempre, y que no es cosa de gallaría enfrentar lo ingrato. Hablo de los venenos, de la inseguridad, de los abusos.
En este 1º de Mayo, Día de los Trabajadores, Acción Informativa quiere expresar su  reconocimiento a una clase imprescindible, transformadora y removedora. Salud trabajadores de Tacuarembó, salud compañeros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada