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viernes, 1 de abril de 2011

Nº 300

Editorial:

300 semanarios
Por MAOP
Nuestro semanario es apenas un papel de pueblo que tiembla como vara verde y angosta. Somos, quizás, un breve azote, o una pequeña ráfaga de viento que da vuelta del mazo de naipes una sola carta… por vez.
Llegar a 300 semanarios en Tacuarembó no ha sido fácil… por muchos motivos. Pero queremos referirnos a los sectores reaccionarios que nos han rechazado, tanto de izquierda o de derecha, y prefirieron, manifiestamente, que no hubiéramos existido jamás como medio de prensa.
Sostienen que somos antiguos porque denunciamos, porque interpelamos, y rechazan nuestra postura por arcaica, como si algo nuevo hubiera surgido en los últimos 30 o 40 años en la historia de la humanidad, que nosotros no lo hubiéramos comprendido.
Como que el imperialismo claudicó y ya no existen las estrategias de dominio sobre los pueblos y sus intenciones de saqueo, que la oligarquía abraza al pobre y le pone una fecha de esperanza para terminar con su calvario, que los corruptos no lo son y solamente son hombres de negocios que tuvieron habilidad para la riqueza, que no hay degradación.
Sin embargo se crean mitos sobre paradigmas de laboratorios, y estos mitos van moldeando la verdad y encubren los hechos reales, creando realidades paralelas que no existen, pero que hurgan en la voluntad de las personas. A nuestras tierras llegan esos mitos como cantos de sirenas, y algunos de nuestros hombres las parafrasean y se convencen que en los últimos 30 años la naturaleza de las ideas ha cambiado.
Sin embargo lo que cambia en esos hombres, así lo creemos,  son sus cabezas. Cambian, acomodando el cuerpo porque ya no tienen acomodo en sus conciencias. Y desconocen lo que realmente sucede: que no cambia la división de clases, que por lo contrario se profundiza, y la dialéctica es la misma. Los ricos son más ricos porque los pobres siguen siéndolo.
Los imperios, las oligarquías, la gran burguesía, siguen siendo los mismos, solo cambia el traje de época. Pero también siguen siendo los trabajadores los mismos, como el dolor del obrero que no le alcanza el dinero para el sustento, o la mujer discriminada, o el niño sin futuro. No importa el tiempo vivido.
En esta coyuntura actual, la globalización sin control ético le quita a los jóvenes su carácter revolucionario, y olvidamos a Allende cuando decía que “ser joven y no ser revolucionario, es hasta una contradicción biológica”, provocando que muchos de los muchachos deambulen sin pasión por el mundo.
Estos hombres, ya sin partidos aunque realicen arengas en estrados, aceptan que se deben pactar treguas con los dueños del mal. Ven las bombas sobre Libia como vieron las de Bagdad, con miradas morbosas, como espectáculos de televisión, y los muertos son imágenes de pantalla chica.  Y por supuesto son enemigos de los sindicatos, de las huelgas, del obrero luchando por su sueldo, y acusarán al desgraciado tirado en la esquina por lo que es. Intentarán hacer creer que los más débiles son culpables por ser débiles. Y todo lo que crea conciencia es molesto, y se debe aplastar o denunciar.
Ellos, los dueños del mal y sus lacayos, hacen que el hombre bueno mire sorprendido desde una ventana como le acecha la muerte, o que crea que ya no es dueño de su destino… Ellos hacen creer que un obrero será un número improbable de una incierta contabilidad en medio de una contradicción, y que solamente será testigo de su existencia la tierra que sumió su sangre, apenas un breve espacio que seguramente ningún dios verá.
Pero el amor, ese dudoso valor que a todos engaña o acucia o instiga, es la excusa perfecta para soñar con tiempos mejores. Ya vendrán, ya vendrán… nos decimos, en tanto caen a nuestro lado los amigos de tanto luchar, y mueren nuestros viejos guías.
No obstante ya no nos sorprenden las excusas y la corrupción… estamos preparados, muchos lo sentimos así. Maestros y obreros, artistas y funcionarios, muchos, cada uno en su sitio, estamos preparados. Es que aún creemos que tiempos mejores vendrán; lo creemos como una fe, como un hálito tibio e intangible, como en un rito creer ver un ángel.
Pero nadie sabe, en realidad, si existe la esperanza.
De todos modos en Acción Informativa reivindicamos el hombre nuevo, el del Che, el que defiende una ética de vida, el que es solidario, el que es defensor de lo justo sin pedir nada a cambio.
Nosotros no creemos que vivamos tiempos apocalípticos a pesar de que el planeta acomoda sus entrañas barriendo su superficie de nosotros, seres diminutos. Sí creemos que debemos defender desde nuestra pequeñez, ese fuero íntimo, esa cosa lúcida, ese amor por la vida y la justicia, y la libertad.
Es por eso que en nuestro semanario escriben quienes escriben.
En resumen, y así lo sentimos: el hombre es un peregrino en búsqueda de utopías… como un viejo adagio que lo persigue.

A los colaboradores en el rubro que sea, a las empresas que nos apoyan, a quienes nos alientan, a todos ustedes que están leyendo, gracias.

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