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martes, 18 de enero de 2011

Nº 290


Editorial:

Escozor

El viernes 31, a las 17 horas, mi hermano Juan Antonio tuvo un accidente en su moto. Según la versión del otro protagonista, el Intendente Wilson Ezquerra, Juan habría intentado cruzar de derecha a izquierda la calle Domingo Arena, sin poner señaleros y sin percatarse de que venía su VW 4x4 desde atrás, no dándole margen a Ezquerra de evitar pechar la moto. Esa versión es la que quedó asentada en la Comisaría 2ª, y aparentemente quedará como definitiva.

Fue el Dr. Ciro Ferreira quien me llamó a mi celular a las 18.38 del 31 de diciembre (1 hora 38 minutos después del accidente), para comunicarme que “el ñato” (mi hermano) estaba en emergencia y que pasaría al CTI. Fue él quien me dijo lo que había sucedido, y que iban a hacer todo lo posible para salvarle la vida.

El lector comprenderá que no se pueden hacer conjeturas cuando un hermano entra en el CTI y tiene varios hematomas en su cerebro, por lo que la prioridad única fue la familia, en la multiplicidad de detalles que se deben hilvanar, e intentar facilitar todo para que la medicina le salve la vida.

Sin embargo Juan ha ido mejorando luego de los tres primeros días de tensión en el CTI y cinco más en Sala Intermedia, pero hoy está en su casa, aunque con cuidados y medicado.

Esta cuestión se planteó con cierta complejidad, pues uno termina realizando algunas reflexiones que tienen que ver con cuestiones morales, sobre todo con las personas con las que uno ha estado en contacto, y las historias que hay detrás.

Ezquerra, desde el lugar del accidente llamó al SEMMT, a su Secretario General Dr. Menéndez, a su abogado, a tránsito, a la policía, y a pesar que le dijeron en el lugar que era mi hermano, no me avisó o hizo que me avisaran, y se hicieron los partes del accidente sin la presencia de nadie que pudiera velar por los intereses de quien fue el más perjudicado: mi hermano. Tampoco la policía nos avisó del accidente, cosa que es su deber hacerlo, sino, como ya dijimos, fue el Dr. Ciro Ferreira desde el Hospital.

De todas maneras el accidente ocurrió, hoy mi hermano está mejor, y es lo que más importa.

Debo decir, sí, que no estuvo ausente Ezquerra en la recuperación de Juan. Estuvo conmigo cuando dieron el primer parte médico, y sé que estuvo llamando constantemente a Ciro Ferreira para que éste lo tuviera al tanto de su evolución. En lo personal, se puso a las órdenes para lo que “se necesitara”, cosa que agradecimos, simplemente.

En estos días hubo casos mucho más terribles que el accidente de mi hermano. Los dos jóvenes estrellados y muertos en las picadas, la señora atropellada y muerta por un automovilista que se fugó (atrapado en los últimos días), o el padre y su hija muertos a la entrada de San Gregorio, son casos en los que la muerte sí estuvo presente, y tienen connotaciones terribles cada uno de los casos nombrados.

Pero comentar lo de mi hermano tiene que ver con lo que uno percibe de la influencia que tiene este cierto “poder pueblerino” que se adquiere, al tener un semanario como Acción Informativa. Que lo que se presiente íntimamente es que esperan que estos trances pongan fin a la labor desarrollada durante tantos años, y no se entiende que en lo personal, una cosa nada tiene que ver con otra. Es por esto que estas reflexiones no deseo guardarlas, sino compartirlas con ustedes, que han construido la historia de esta publicación.

Mi hermano fue internado en una sala individual en la Sala Intermedia, luego de los tres días de CTI, en los que estuvo prácticamente inconsciente. Fue atendido correctamente en todo momento, y el Dr. Ciro Ferreira se encargó de tenerme al tanto, permanentemente, de la evolución de la salud de Juan Antonio.

En los siete primeros días se le realizaron cuatro tomografías, y 3 placas en una mano, además de estudios en su pecho por golpes recibidos, más la medicación y el pase a Sala Intermedia, con un ponderado cuidado del personal, tanto del CTI como de esta última sala nombrada.

El día que nos retiramos, el sub director Dr. Gustavo Pereira nos fue a dar su respaldo y su despedida, poniéndose a las órdenes, etc.…

Agradecí personalmente a las personas que estuvieran presentes en el momento de despedirnos, pero, ante alguna duda planteada, digo que no puedo agradecer al Hospital por haber hecho, en este caso, lo correcto. Las personas en la vida hacen lo que deben hacer, y hacer las cosas bien no es una virtud, es un deber.

Es que jamás pude dejar de pensar en las personas que estuvieron conmigo realizando denuncias por negligencia en su atención hospitalaria, con consecuencias muchas veces trágicas, y que, en muchos casos, que jamás fueron atendidas por el Director del Hospital, aun habiendo perdido familiares.

Más allá del escozor que provocaba un privilegio que no podía rechazar por la vida de mi hermano, desee que todos los que lloraron en mi redacción realizando denuncias porque tuvieron pérdidas hubieran tenido la oportunidad que tuvo Juan Antonio.

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