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domingo, 19 de diciembre de 2010

Ya el Nº 288.....

Aquí su editorial:
¿Quién ordena la navegación?

Por MAOP.
Pablo Benavídez colgó en facebook una canción de Caetano Velozo, “Os argonautas”, y su estribillo dice: “Navegar es preciso… Vivir no es preciso”. Explica Pablo en su muro que se vive si se navega en pos de algo, y si no es así, pregunta:¿para que se vive? Me recuerda a Soren Kierkegaard, un filósofo danés del siglo XIX, precursor del existencialismo, cuando hablaba de la trascendencia del hombre y tener objetivos en la vida. Consideraba (también lo hicieron Heidegger, Sartre y todos los filósofos existencialistas del siglo XX), que las personas enterradas en lo banal, que no superaban lo cotidiano, podrían llegar a morir sin conocer siquiera el motivo por el cual estuvieron vivos. Decían ellos, como una metáfora, que esas personas simplemente ya estaban muertas en el transcurso de sus vidas.
También los filósofos racionalistas encontraron una base en el “Cogito ergo sum” (“Pienso, luego existo), de René Descartes, desde el siglo XVII en delante. Que era como decir que uno encuentra evidencias de su existencia luego del uso de la razón.
Hay mil ejemplos si uno quisiera ponerlos. Pero, resumiendo, la humanidad por diferentes caminos ha intentado darle orden al desorden, o mostrar fórmulas que permitan que las sociedades convivan en “armonía y tolerancia”. O dicho de otra forma, parecería que el hombre ha intentado, a lo largo de los siglos, alejarse de su condición animal, haciendo pesar argumentos racionales a lo bestial de sus impulsos e instintos.
También en la rama de la psicología uno estudió fórmulas que podrían cuajar, como las de Freud contraponiendo el ello (instintos) con el super yo (la sociedad), o las del Dr. Thomas Harris, cuando escribió “Yo estoy bien, tú estás bien”.
Sin embargo, es la propia humanidad que echa mano a sus inclinaciones violentas cuando se trata de sostener privilegios, poder, etc. Existen hechos, situaciones, que echan por tierra cualquier especulación filosófica o psicológica, pues ni siquiera nosotros nos conocemos realmente.
En estas contradicciones eternas, la humanidad ha pasado por épocas oscuras en las que la vida no valió nada, y por otras, como en los comienzos del Renacimiento, resurgiendo como una época de recuperación de valores morales y estéticos, luego de la ominosa Edad Media.
Pero lo que vive la humanidad como un cuerpo vivo, lo internaliza cada individuo y lo procesa en su interior, dependiendo de factores circundantes. Hay lugares en el mundo, como las favelas de Brasil, o ciudad Juárez de México, o Medellín en Colombia, donde se va cultivando una nueva forma de valores, de personas, surgidas del abandono, de la miseria, de las injusticias sociales, que se hacen fuertes a través de la violencia y de concepciones absolutamente ajenas a las cavilaciones filosóficas de humanistas, idealistas, racionalistas, pragmáticos, etc.
En una entrevista en un medio televisivo de Brasil, O Globo, Marcos Camacho, más conocido por el sobrenombre de Marcola (máximo dirigente de una organización criminal de Sao Paulo denominada Primer Comando de la Capital (PCC) define: “ Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera. Nosotros somos hombres-bombas. En las villas miseria hay cien mil hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva "especie", ya somos otros bichos, diferentes a ustedes. La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común. ¿Ustedes intelectuales no hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces ¡llegamos nosotros! ¡Ja, ja, ja?! Yo leo mucho; leí 3.000 libros y leo a Dante, pero mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país. No hay más proletarios, o infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgió un nuevo lenguaje. Es eso. Es otra lengua. Está delante de una especie de post miseria. La post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes…”
En Tacuarembó no vivimos esas situaciones tan extremas, sin embargo se pueden vislumbrar algunos hechos que rozan la proclama de Marcola. Aún recordamos al Negro Jhona, el asesino despiadado que vivió en la miseria durante toda su vida, pero recordamos también los múltiples heridos de arma blanca o de fuego, muertos algunos, ocurridos en nuestras calles.
O la última muerte, reciente, cuando murió un joven de 19 años que había robado un vehículo, y se ahogó en el Iporá.
Hay algo que se les ha escapado a los estudiosos y pensadores de nuestros tiempos, que es regresar a nuestras primigenias condiciones, y entender que somos bestias, y que solo depende de las circunstancias mostrar su cruda vigencia.
Marcola dice que nosotros tenemos miedo a morir, y que él no. Y ese hecho va tallando en muchos jóvenes que van creciendo sin terminar el liceo, sin temor a la velocidad, o a un filo, explicando todo con pocas palabras, sin entender las otras, reverdeciendo el machismo de buena parte del siglo XX pero con este plus incorporado.
El “Navegar es preciso… Vivir no es preciso” de Pablo y Caetano, nos provoca una pregunta: ¿Quién ordena la navegación? Porque seguirán resultándonos simpáticos tipos como Gregorio Samsa, personaje de la Metamorfosis de Kafka, por ser un incomprendido social y nosotros creer que es un individuo que está en proceso a un ser ideal, que piensa más allá de lo vulgar y que busca trascender chocando con una sociedad consumista, calculadora y pragmática. Sin embargo, aún llenos de argumentos, no nos escuchará un soldado de Marcola, o sus símiles en nuestros países, cuando no sepa escuchar nuestras mil razones y esté con un revólver apuntándonos.
Por eso pienso, entre aferrarse a la vida o despreciarla sin saber por qué una cosa u otra, que siempre navegamos en el misterio de la vida.

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